jueves, 21 de enero de 2016

El triparentesco


Sacha Rohán Fernández Cabrera*

 

EL TRIPARENTESCO



El 3 de febrero de 2015, se publicó una noticia en la que se indicaba que el Reino Unido se convertía en el primer país del mundo en permitir la concepción de niños in vitro con el ADN de tres personas, para prevenir enfermedades hereditarias graves [1], siendo que el Parlamento lo aprobó con una enmienda por parte de sus diputados para modificar las normas que rigen la fecundación in vitro y permitir que los bebés sean concebidos con material genético de tres personas.
Esta nueva forma de concepción, es indudable que genera controversias, entre los que apoyan y respaldan este nuevo tipo de tratamiento como organizaciones y activistas internacionales que escribieron una carta abierta a los diputados instándoles a votar por el cambio en la ley; y los detractores de la utilización de este tipo de fertilización, teniendo por supuesto una gran carga de tipo social y religiosa, siendo que entre los que se oponen está la Iglesia Anglicana, al temerse que esto marque el comienzo de una era de bebés diseñados a la medida, así como el grupo Alerta Genética Humana (Human Genetics Alert), que lamentó que el país vaya a romper el consenso internacional de los últimos 40 años de que no hay que modificar genéticamente a los seres humanos.
No obstante, en las investigaciones realizadas, se logró demostrar que la donación mitocondrial podría ayudar potencialmente a casi 2.500 mujeres en edad reproductiva sólo en el Reino Unido, para evitar con ello el riesgo de transmitir mutaciones nocivas del ADN en las mitocondrias [2].
Con este procedimiento, el embrión, además de recibir el ADN de su madre y su padre, se le dará también una pequeña cantidad de ADN mitocondrial sano de una mujer donante, a los fines de evitar las enfermedades mitocondriales, para así poder tener las familias una esperanza de tener un bebé que viva sin dolor ni sufrimiento.
Entre los pioneros de este procedimiento está el Centro Wellcome Trust de investigación mitocondrial de la Universidad de Newcastle (norte) y supuestamente serían los primeros en ofrecer el tratamiento.
Sin embargo, los británicos no son los únicos en poder establecer un triparentesco, ya que el 20 de marzo de 2015, Antonio cumplió un año en Argentina, teniendo dos madres y un padre, siendo el primer caso de triple filiación, no sólo en la Argentina, sino también en América latina, cuando el Registro Provincial de las Personas autorizó, mediante una resolución, el reconocimiento paterno del primer bebe que llevará también el apellido de sus dos madres que se encuentran casadas entre ellas y pidieron ayuda a un amigo de ambas mujeres, por lo que se recurrió a una inseminación artificial asistida, en la que aportó sus gametos con la voluntad e intención de ser no sólo el padre biológico, sino también de estar presente en la vida de ese hijo que los tres ansiaban tener [3].
De esta manera, al presentarse ante el Registro de las Personas para solicitar la inscripción del reconocimiento de su hijo, con el apoyo de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (LGTB), basaron su pedido en la necesidad de garantizar al niño su derecho a la identidad integral, lo que implica el reconocimiento de su realidad familiar y a ser reconocido como hijo de sus dos madres y de su padre sin que ninguno de ellos deba renunciar a sus derechos y obligaciones.
Así, el jefe de Gabinete bonaerense, destacó que: “Desde el inicio de la gestión de Daniel Scioli acompañamos la ampliación de derechos en sintonía con los cambios que se fueron implementando a nivel nacional, como la ley de matrimonio igualitario, de identidad de género y la reforma del Código Civil (…). Si bien no hay antecedente de este reconocimiento legal, la realidad familiar merece la protección, tutela y amparo del Estado”. Además, se tomó en cuenta que la legislación civil en la Argentina no limita la cantidad de integrantes de un vínculo filial, y aunque suele ser su conformación por dos personas, no existe expresa prohibición de triple filiación.
Como si todo lo anterior fuera poco, también nos encontramos con que científicos de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, anunciaron que pueden producir óvulos y esperma humano usando células madre embrionarias e incluso células adultas, como las de la piel, de cualquier ser humano, lo que permitiría engendrar embriones humanos utilizando células de dos personas del mismo sexo, ya que se convertirán en óvulo y esperma usando células estaminales embrionarias [4].
De esta forma, se crean líneas de células madre a partir de embriones, así como células de la piel de cinco adultos diferentes. En el experimento usaron las donaciones de diez personas y generando diez nuevas células madre que no existían hasta el momento, que luego se compararon con las que generan fetos y resultaron tener características idénticas.
Con todo lo anterior, observamos como la concepción, formación de vida y concepto de familia, parecen estar cambiando una vez más ante estos avances científicos.
Como es de esperar, este experimento también despertó las alarmas sobre la moralidad de la “manufactura” de seres humanos, y la muerte de embriones en su producción y se permita crear bebés manipulados genéticamente.
Ante esto, el lobby gay ha expresado su interés por estos nuevos hallazgos, pues facilitarían que fabriquen hijos según sus deseos, debido a la posibilidad de hacer células de óvulos y esperma de padres del mismo sexo, siendo que la técnica permitiría crear un bebé en solo dos años.

sfernandez_edu@yahoo.com

NOTAS

* Universidad Central de Venezuela. Abogado, doctorando en Derecho, profesor de Derecho Civil III, Obligaciones.

[1] http://www.noticias24.com/internacionales/noticia/97495/el-reino-unido-podria-ser-el-primero-en-legalizar-hijos-de-tres-progenitores/; http://www.notitarde.com/Internacional/Gran-Bretana-decidira-si-permite-bebes-in-vitro-de-tres-progenitores/2015/02/03/488256; http://www.eluniversal.com/vida/141217/nuevas-reglas-sobre-embriones-en-gran-bretana.

[2] Orgánulos de las células que suministran la mayor parte de la energía necesaria para la actividad celular.

[3] http://www.lanacion.com.ar/1787113-por-primera-vez-inscriben-a-un-nino-con-dos-madres-y-un-padre.


[4] http://www.lapatilla.com/site/2015/03/05/parejas-del-mismo-sexo-podrian-engendrar-hijos-biologicos/.

jueves, 14 de enero de 2016

Derecho y literatura


Andrés Amengual Sánchez*

CAVIAR Á LA CARTE
Una reflexión a destiempo sobre
Cuatro crímenes, cuatro poderes

“(...) Ya que el escritor no tiene modo alguno de evadirse, queremos que se abrace estrechamente con su época; es su única oportunidad; su época está hecha para él y él está hecho para ella (...)”.
Jean Paul Sartre ¿Qué es la literatura?

I.- Preliminar

En el contexto de la novela cuatro crímenes, cuatro poderes, escrita por Fermín Mármol León, el término “caviar” significa “secuestro”. Ante el auge de este delito y la sofisticación de sus formas de ejecución, las autoridades policiales acordaron darle este significado como parte de una estrategia para evitar la fuga de información y facilitar la respuesta oportuna de los cuerpos de seguridad. Aunque resulte curiosa la escogencia y sea difícil establecer alguna relación entre un manjar basado en frescos huevos de esturión y este crimen, en la novela no sólo se emplea el vocablo para introducir el caso del niño que murió durante el secuestro sino que se plantea una variedad del mismo, de uso frecuente en el lenguaje popular, para dejar en evidencia la influencia decisiva que tiene el poder en las instituciones y el reducido campo de acción del sistema de administración de justicia en ciertas circunstancias, por lo que caviar á la carte es un gusto que pocos pueden darse en Venezuela.
En honor a la verdad, esta obra tiene escaso valor estético, entre otras razones porque el autor incurre en algunos errores de redacción, prescinde de recursos literarios para exaltar la imaginación del lector y lleva a cabo una narración lineal de los hechos [1] sin variaciones circunstanciales que hubieran podido enriquecerla. Pero esto pasa a un segundo plano cuando se tiene en cuenta que Fermín Mármol León, no fue un escritor de oficio dedicado a la literatura sino un funcionario de carrera de la extinta Policía Técnica Judicial (PTJ) que conoció de cerca las investigaciones que condujeron al esclarecimiento de los hechos y a la identificación de los autores de los cuatro crímenes, viviendo en carne propia la impotencia de ver como la justicia se arrodilló frente al poder. De allí que su poca belleza narrativa se vea compensada con el coraje de publicar una novela bien documentada en la que se critican los desafueros de una sociedad que parece haberse acostumbrado a ellos.

II.- Argumento

En ella, se cuentan los pormenores de las investigaciones policiales de cuatro crímenes que conmovieron a los venezolanos entre octubre de 1961 y febrero de 1973, presentados como “el caso de la hermana del sacerdote”, “el caso de la estatuilla mortal”, “el crimen del ascensor” y “el caso del niño secuestrado y muerto”. Debido al interés de la prensa y a la aparición de la primera edición del libro en 1978, la violación y el homicidio de la hermana del sacerdote Lesbia Biaggi Tapia, el homicidio de la esposa del diputado del Congreso Nacional Hilda María de Rangel mediante un artefacto explosivo, el homicidio de la esposa del Capitán de la Aviación Decia de Rivero y el secuestro y homicidio del niño Carlos Vicente Pérez Vegas, se insertaron en el imaginario colectivo como un monumento a la impunidad, la corrupción y la ausencia absoluta de autonomía de los Poderes Públicos. Este monolito, erigido por el goce y la admiración que despierta en algunos las demostraciones de fuerza del poder, se ve retratado en la obra en el carácter maleable y dócil del Poder Judicial venezolano.

III.- Contexto

El relato se desarrolla fundamentalmente en dos ciudades venezolanas, en Ciudad Bolívar y en Caracas. En la primera, conocida como Ciudad Angostura a partir del 22 de mayo de 1764, ocurrió el caso de la hermana del sacerdote mientras que en la capital de la República, bautizada como Santiago de León de Caracas el 25 de julio de 1567, se verificaron los otros tres. En algunos pasajes, el autor destaca la hermosura de sus paisajes y evoca la complicidad del lector con la nobleza de su geografía, narrando la grandeza de los ríos circundantes, el clima, la vegetación o la majestuosidad del cerro El Ávila. Este dato aparentemente insignificante, habría que tenerlo en cuenta porque la naturaleza circundante, constituye la primera lección de la historia y resulta imprescindible para “...entender nuestra geografía y escuchar sus voces...” [2].
En los años sesenta y setenta, la sociedad venezolana estaba compuesta de tres clases sociales según el nivel de instrucción de las personas, su ocupación, el lugar de residencia y el ingreso económico mensual: la clase alta, media y baja, aunque la última haya sido siempre la más expuesta a los atropellos del propio Estado. En efecto, la sola existencia de prejuicios sociales, da cuenta de su carácter complejo y conflictivo, generándose desigualdades tanto en el acceso al sistema jurídico como en el tratamiento de los procesados. Esta especial circunstancia, quedó retratada en una escena de la película Cangrejo I dirigida por Román Chalbaud, en la que un delincuente llamado Eliseo Corona le dijo en tono desafiante el Comisario León Martínez que “...como se nace pendejo, como se nace pobre, como no tengo ni un centavo voy a ir preso...por qué no te atreves a decir quiénes fueron los que liquidaron al carajito ese...”.
En el escenario político, existían varios partidos políticos legalmente constituidos, pero sólo dos tenían el control de las instituciones y la posibilidad real de acceder al poder, Acción Democrática (AD) y el Partido Socialcristiano (COPEI), quienes se alternaban en la presidencia de la República por haberse convertido en partidos de gran arrastre popular y efectivas maquinarias electorales. Sus principales dirigentes siempre han sido hábiles negociadores, devuelven los favores recibidos y procuran prebendas a sus leales, lo que se hizo evidente en el caso de la estatuilla mortal y el crimen del ascensor.
Pero más allá de la conflictividad social y un empalagoso bipartidismo popularmente conocido como la guanábana, siempre ha predominado en Venezuela la religión católica por ser la que tiene más seguidores. Dada su historia, trayectoria, estructura organizativa y fines, este credo siempre ha ejercido una gran influencia en la acción política, aunque resulte reprochable que haya interferido en un caso como el del Padre Pedro Luis Cuzati, contra quien existían fundados elementos de convicción para declarar su responsabilidad por la violación y el homicidio de su hermana. Actualmente, la iglesia católica sigue teniendo un gran poder de convocatoria, aunque se haya visto mermado por el auge de la santería y otros rituales como mecanismo para paliar la violencia en el país [3].

IV. Personajes

El personaje central de la novela es el Comisario León Martínez. Él y su equipo de trabajo, conformado por funcionarios de distintos rangos dentro de la institución policial, actúan responsable y diligentemente en todo momento, son honestos, conocen bien los deberes inherentes al cargo, colaboran entre sí, son respetuosos con las víctimas y sus familiares y cumplen la palabra empeñada. De esta manera, el autor introdujo un elemento de ficción motivado, quizás, a su compromiso ético con la policía científica, puesto que ni antes ni ahora ha sido ejemplo de virtudes republicanas. Sin embargo, aunque llame la atención, esta caracterización resalta la contraposición existente entre la diligencia de los investigadores y la irresponsabilidad de los evasores.
Los otros personajes de la novela son los imputados. El padre Pedro Luis Cuzati llevaba una doble vida, predicaba la castidad, la hermandad y la santidad pero era mujeriego, contrajo blenorragia en sus encuentros casuales y agredía física y verbalmente a su hermana. El perfil del diputado es distinto. Se trataba de un hombre duro, con carácter fuerte, leal a su partido, hábil y experto en explosivos, con un pasado bastante oscuro mientras formó parte de la resistencia contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Por su parte, el Capitán de la Aviación era un irredimible mujeriego que hacía gala de su condición viajando con sus amantes, era disciplinado en su trabajo pero desconfiado y celoso; posiblemente mató a su esposa porque sospechaba que le pediría el divorcio.
En el caso del niño secuestrado y muerto hay varios sospechosos. Pero la verdadera crítica, se hace contra la manera de actuar de los llamados “hijitos de papá”, es decir, de los jóvenes acaudalados del este de la ciudad capital que son presentados como vagabundos, indisciplinados y fiesteros, consumidores de droga y desconectados de los problemas reales de la sociedad venezolana, en una palabra “irresponsables” que solucionan sus problemas a punta de billete. Esta situación, descrita por Mármol León en un momento clave de la investigación, parece estar más vigente que nunca:

“Nunca pensé que mi visión futurista, fuera tan acertada. ‘El hijo de papá’, cantó como un pajarito, compró su marihuana y los billetes en Cúcuta, lo había hecho en otras oportunidades, pasó los billetes en Sabana Grande, vendía su hierbita, un 'hijito de papá, chévere y zanahoria', los reales tapaban todo eso, pobrecito; la policía, decía su papá, 'en vez de agarrar a los criminales del niño Valderrama, detuvieron a su niñito, que era un ángel'. Pero todo no quedó allí, se movió la aplanadora económica, el ‘pobre y traumatizado niño’, fue puesto en libertad”.

Esta descripción, es un retrato fidedigno de la manera como se comporta una parte de la clase alta venezolana. Consumen y venden droga, se hacen las víctimas cuando les corresponde asumir la responsabilidad de sus acciones o abandonan el país para evadir las condenas penales. De esta manera, cuando la policía interroga a algunos de sus integrantes para avanzar en las investigaciones, es severamente juzgada como arbitraria, ineficiente y corrupta, pero si presenta a un limpio sin apoyo político como el responsable, no genera suspicacias, está haciendo su trabajo. Esta incapacidad de ver el conjunto, de apreciar el contexto, imposibilita pensar en una sociedad equilibrada que tenga la madurez política suficiente para llevar a la práctica el diseño institucional consagrado en la Constitución.
La contrapartida de esa imagen irreflexiva que manejan algunos sectores, es el carácter épico de las batallas que llevan a cabo los policías para esclarecer los hechos punibles y dar con sus autores [4]. Los funcionarios policiales provienen, en la mayoría de los casos, de los estratos más bajos de la población, carecen de formación intelectual y, por lo general, leen poco, ganan salario mínimo y pertenecen a una institución con un presupuesto limitado que alcanza sólo para pagar sueldos y bonificaciones. Pero aún así, con todos los condicionamientos, trabas y obstáculos, hay funcionarios que actúan como el Comisario León Martínez. Y ese personaje, especialmente en estos tiempos, genera una profunda admiración en quienes comprenden la magnitud de los problemas y saben lo que cuesta ser ejemplo de integridad.
Aunque resulte memorable su existencia y a los venezolanos se nos pueda aplicar la descripción realizada por Jorge Luis Borges en nuestro pobre individualismo sobre la condición de individuos y no de ciudadanos de los argentinos, el país no se sostiene, -no puede hacerlo-, en voluntades individuales ni puede pretender su refundación continua cada vez que surge un nuevo líder del descontento popular. Es necesaria una decidida acción conjunta dirigida a hacer de la Constitución un texto vivo, a hacer de ella el gran referente de la vida social, política, económica y jurídica del país.

V.- Problemática

El tema principal que subyace en la novela, es la concepción del Estado que tienen los venezolanos. En diferentes momentos de la narración, hay personajes que dan cuenta de esta problemática tanto por lo que expresan sobre las instituciones como lo que hacen para evitar sus actuaciones. Para acometer este análisis, se tendrá en cuenta una cita de José Ignacio Cabrujas tomada de El Estado del Disimulo [5], en la que se destaca la percepción que tienen los venezolanos sobre esta inconcebible abstracción llamada Estado, señalando lo siguiente:

“El concepto de Estado en Venezuela es apenas un disimulo. El concepto de Estado es simplemente un ‘truco legal’ que justifica formalmente apetencias, arbitrariedades y demás formas del ‘me da la gana’. Estado es lo que yo, como caudillo o como simple hombre de poder, determino que sea el Estado. Ley es lo que yo determino que es ley. Con las variantes del caso, creo que así se ha comportado el Estado venezolano desde los tiempos de Francisco Fajardo hasta la actual presidencia del Doctor Jaime Lusinchi. El país tuvo siempre una visión precaria de sus instituciones porque, en el fondo, Venezuela es un país provisional”.

Todos los elementos que la componen, están presentes en la novela de diversas maneras y con distintos grados de intensidad. En efecto, desde antaño las constituciones venezolanas han consagrado la separación de los poderes, el principio de legalidad y un catálogo mínimo de derechos fundamentales para darle legitimidad al pacto fundacional, pero han tenido muy poca vigencia práctica debido, entre otras cosas, a la escasa cultura constitucional de los venezolanos, lo que ha permitido que el Estado se convierta en un “truco legal” puesto al servicio de los intereses, deseos y apetencias de unos pocos. De acuerdo con la cita, se apreciará cómo actuó el poder en cada uno de los crímenes para darse cuenta de la idea que tenemos del Estado.
a.- Ya adelantadas las investigaciones en el caso de la hermana del sacerdote, el Comisario León Martínez fue llamado al Palacio Arzobispal por el Monseñor Pondal para ser recriminado por la forma como supuestamente trató al Padre Pedro Luis Cuzati durante el interrogatorio. En ese momento, la conversación se inició diciéndosele que el sacerdote estaba muy afectado “por el maltrato recibido”. Él sostuvo que no era cierto, que existían suficientes elementos para sospechar del sacerdote, pero la respuesta del Monseñor Pondal fue clara y precisa, “puedes tener razón, pero él ha sido humillado, se han olvidado que es un sacerdote” (negrillas agregadas).
Después de ese encuentro, ya era tarde para enmendar cualquier error. Al día siguiente, después de que el Monseñor Pondal se comunicó con algún representante del alto gobierno, el Comisario León Martínez fue llamado por el Director de la Policía Técnica Judicial en Caracas para ser duramente reprendido y apartado de las investigaciones. Según el final de esta historia, el Padre Pedro Luis Cuzati, después de haber estado unos meses encarcelado, fue puesto en libertad “por no existir elementos probatorios contra él”.
b.- En el caso de la estatuilla mortal, el poder político operó de otra manera. Es cierto que aquí no existió un acervo probatorio contundente contra el investigado y que se trataba de un diputado que gozaba de inmunidad parlamentaria. Pero el Comisario León Martínez nunca pudo interrogar al Diputado Rosales y que recibió amenazas de enjuiciamiento de su parte cuando lo increpó en el Palacio Federal Legislativo. Dada la diligencia del atrevido funcionario policial, el partido de gobierno logró que un juez “corrupto” se avocara al conocimiento de la causa y ordenara la remisión inmediata del expediente a su Tribunal. Hasta allí llegó la actuación policial.
c.- De todos los casos, el crimen del ascensor fue el que contó con mayores medios probatorios para demostrar la responsabilidad penal del Capitán de la Aviación Daniel Rondón Plaz. En efecto, el análisis de la trayectoria balística, los distintos peritajes practicados, la inexistencia del delincuente que supuestamente los asaltó en la salida del edificio, las contradicciones en que incurrió el imputado al narrar su versión de los hechos y la existencia de probables motivos para matar a su esposa, lo presenta como el autor del crimen. A pesar de todos esos elementos, cuando el Capitán fue entrevistado en calidad de testigo por el Comisario León Martínez, aparecieron las amenazas, “usted me las pagará” dijo el aviador como suele hacerlo un hombre de poder cuando se siente acorralado.
Gracias a la acción del poder político, una vez más, un Tribunal de Alzada, controlado por jueces deshonestos, absolvió de responsabilidad penal al Capitán Daniel Rondón Plaz bajo el laxo argumento de que no existían suficientes pruebas en su contra. Operó la cosa juzgada y no pudo ser procesado nuevamente por los mismos hechos. Así se le retribuía al militar su destacada participación en los sucesos de El Porteñazo.
d.- En el caso del niño secuestrado y muerto, operaron dos factores importantes. Por una parte, las investigaciones se complicaron demasiado hasta el punto de no poder determinarse quién hizo las llamadas a la mamá del niño Tomy Valderrama, quién cobró el dinero pagado por el rescate ni qué hicieron con los billetes que habían sido fotografiados por la policía. Por la otra, la prensa que habló de la “danza de los millones” para dejar clara la influencia del poder económico sobre los funcionarios del sistema de justicia, jugó un doble papel: presionaba a los policías para que resolvieran el caso y se prestaba para seguirle el juego a los factores del poder económico. Como si fuera poco, los padres de las joyitas contrataron a reconocidos abogados para ejercer la defensa de sus hijos, quienes movidos por cuantiosos honorarios y deseos de figuración pública, retardaron el proceso mediante otro tipo de “truco legal” con aparente fundamento normativo.
Como era de esperarse, este caso tampoco escapó a las apetencias del poder. Al intervenir un Tribunal en la instrucción del sumario, como se denominaba bajo la vigencia del Código de Enjuiciamiento Criminal, el Comisario León Martínez y su equipo de trabajo recibió órdenes expresas de no investigar absolutamente nada sin la anuencia del Juez que sustanciaba la causa. Ya la policía quedaba de manos atadas, limitándose a redactar oficios y comunicaciones.

1.- La impunidad

En la novela, hay un pasaje que retrata fielmente este problema. Se trata del momento en el que el Comisario León Martínez fue a visitar a Lucio Mendoza, un ex-agente de la Seguridad Nacional, a los calabozos de la Cárcel Modelo de Caracas. Después de intercambiar pareceres sobre el pasado y la personalidad del Diputado Rosales, el esbirro vaticinó lo siguiente:

“No Comisario, no, soy práctico, en estas cárceles aprende uno demasiado, no tiene alternativa, olvídese de este caso, déjelo, trabaje otro, me da lástima saber que va a perder el tiempo, lo único que logrará es convencerse que usted tenía razón, él es el asesino, pero y qué, se reirán, pensarán que usted es un loco que no puede con el caso y quiere perjudicar al brillante y honorable Pedro Rosales, hombre democrático, luchador por la libertad del pueblo y de los ideales de sus compatriotas, es así Comisario, es así, acéptelo, está derrotado”.

La enseñanza es prolija. Hay que saber apreciarla en su contexto porque el funcionamiento del sistema te demuestra que hay intocables, que hay personas que están por encima de las leyes y pueden eximirse de su cumplimiento. Para quienes están decididos a buscar la verdad y hacer justicia, este es un aprendizaje que toma muchos años en llegar. En este caso había que entender que el Diputado Rosales, experto en explosivos y miembro de la resistencia contra Pérez Jiménez, sería victimizado y catalogado, en ese juego macabro de los hilos del poder, como un verdadero demócrata a quien el Comisario León Martínez o el que se atreviera a investigarlo, quería perjudicar.
También llama la atención el lenguaje empleado por el ex-agente de la Seguridad Nacional. Con el devenir de los acontecimientos políticos recientes, se ha hecho cotidiano el discurso que acometería el gobierno en la defensa del gran luchador por la libertad Pedro Rosales, empleando expresiones como “hombre democrático”, “luchador por la libertad del pueblo” y “compatriota”. Esa operación discursiva bien podría resumir nuestra historia contemporánea como hijos de la hipérbole, de las exaltaciones desmesuradas, lo que sólo puede conducirnos a un fracaso absoluto: o se acepta con pundonor la derrota frente a un sistema corrupto o se muere en el intento de hacer justicia.
Para abordar el tema de la impunidad, el autor presenta un denominador común en la novela. Los funcionarios policiales son ejemplo de responsabilidad, diligencia, compromiso, rectitud, capacidad y respeto, ejecutando todo lo humanamente posible para resolver los cangrejos que se les presentan pero el poder intervino en una fase posterior de los procesos, cuando las causas se encontraban en los Tribunales. Allí, en palabras de Mármol León, había jueces corruptos y jueces honestos, pero la designación de los corruptos en estos casos tiene réditos insuperables, se retribuyen favores y se obtienen los lujos deseados en la época de juventud.
El análisis de las causas y consecuencias de la impunidad en nuestro país, rebasaría los límites planteados en este trabajo, por lo que nos limitaremos a señalar que frente a este tipo de situaciones es muy difícil sostener la existencia de un verdadero Estado de Derecho, entre otras razones porque los casos difíciles son los mejores termómetros para medir la fortaleza del sistema de administración de justicia, la integridad e imparcialidad de los jueces y la idoneidad de los funcionarios policiales.

2.- Presunción de inocencia Vs. responsabilidad penal

Lo expuesto, permite introducir el tema del sentido y alcance de la presunción de inocencia en el proceso judicial, especialmente el penal, con miras a determinar en qué casos ya no se trata de presumir inocente a un imputado sino de una artimaña jurídica para evadir la condena penal. Para dilucidarlo, resulta provechoso tener en cuenta que en la sentencia dictada por el Tribunal Superior que absolvió de responsabilidad penal al Padre Pedro Luis Cuzati, el juez señaló que no existían en el expediente pruebas directas acerca de quién fue el autor del homicidio de su hermana, por lo que la sentencia debía ser absolutoria. Su conclusión fue que era “preferible absolver a un culpable a condenar a un inocente” [6].
La audacia del autor de cuatro crímenes, cuatro poderes al plantear este tema, permite preguntarse si efectivamente en los casos de la hermana del sacerdote y el crimen del ascensor operó la presunción de inocencia o se trató de un artilugio de los poderosos para encubrir a los responsables. En el primero, la narración nos ofrece varios elementos de interés criminalístico para formarse una idea clara sobre su autor. En efecto, según el testimonio de familiares y amigos de la víctima, el Padre Pedro Luis Cuzati la celaba y golpeaba, oponiéndose a sus relaciones amorosas; según un testigo, cuando se le informó lo que había ocurrido en su casa el día que se descubrió el cadáver, él preguntó inmediatamente si algo le había sucedido a su hermana; tenía blenorragia encontrándose gonococos en el cuerpo de la víctima; el tamaño de las pisadas de sangre coincidían con las del sacerdote; se encontró sangre en el mueble de su cuarto y los pelos encontrados en la mano de la víctima tenían “notables semejanzas” con los del acusado.
En el segundo referido al crimen del ascensor, también existe un acervo probatorio suficiente para condenar al Capitán de la Aviación Daniel Rondón Plaz. El homicida confesó extrajudicialmente el crimen al Padre Casieri al llegar al hospital con su esposa herida; se encontraron restos de vidrio en el uniforme militar; se demostró mediante la trayectoria balística que él había efectuado los disparos contra la puerta del edificio para fingir un atraco; hubo testigos que declararon que mantenía relaciones extramatrimoniales y que maltrataba a su esposa; incurrió en contradicciones insalvables al momento de deponer como testigo y asumió una actitud hostil hacia los funcionarios policiales cuando se percató que estaba siendo investigado como imputado.
Independientemente del carácter ficticio de los datos aportados por Mármol León en la novela, resulta conveniente reflexionar sobre el fin del proceso penal, la responsabilidad del juez en el ejercicio de la función judicial y el sentido y alcance de la presunción de inocencia en el Estado Constitucional de Derecho. De esta manera, si existen suficientes medios probatorios obtenidos legalmente para demostrar inequívocamente la participación del imputado, debe, en principio, dictarse una sentencia condenatoria. De lo contrario, procede la absolutoria asumiendo los riesgos de ser sometido al escarnio público, pero ¿cuál sería la decisión en el caso de la hermana del sacerdote y el crimen del ascensor? ¿Por qué?

3.- Aplicación de la ley penal y desigualdad social

En un soliloquio que presagia lo que ocurrirá en el caso del niño secuestrado y muerto, el Comisario León Martínez dice “muchas veces oí decir que las cárceles eran para los limpios, después de tantos años en esta profesión, creo que tienen razón”. Tampoco en esta cita hay desperdicio alguno. Se trata de la fatal comprobación de un hecho social digno de estudio, según el cual la gran mayoría de la población reclusa en Venezuela está conformada por personas pertenecientes a la clase baja, lo que permite preguntarse ¿por qué? ¿es la pobreza un factor criminógeno? ¿No hay delincuencia de “cuello blanco”? ¿Por qué no están tras las rejas estos delincuentes?
El análisis de lo planteado, se enriquece a partir del trabajo de la profesora Karin Van Groningen que lleva el mismo título que este inciso [7]. Se trata de un estudio realizado en 1980, en el cual se reflexiona sobre si existe en Venezuela una aplicación uniforme de la ley penal, concretamente del artículo 407 del derogado Código Penal, por tratarse de un enunciado normativo neutro que afecta de igual manera tanto a “ricos” como a “pobres”. A esta norma, como puede apreciarse, se le aplicó la variable de la clase social a la que pertenecían los procesados, concluyéndose que el papel que juega la defensa (pública o privada) resulta esencial tanto en el tiempo de duración de los procesos como en la calidad de las sentencias emitidas.
En cuanto a la función de los abogados, se comprobó que en la práctica existía un “resquebrajamiento” del principio de igualdad, debido a la habilidad de los defensores, sus motivaciones y la condición de públicos o privados, sosteniéndose que “el resultado del juicio penal va a depender básicamente de la variable calidad de la defensa de que disponga el procesado y que los reos de clase alta tienen acceso a una defensa de mayor calidad que los de clase baja”. Sobre la calidad de los fallos definitivos, se llegó a la espeluznante conclusión de que ellas se pronuncian “con un carácter absolutorio en el 60.4% de los casos pertenecientes a la clase alta y condenatoria para la totalidad de los casos de la clase baja, siendo el promedio de años de condena de 5.1 años para la clase alta y de 17.0 para los de clase baja”.
Estas cifras encuentran eco en cuatro crímenes, cuatro poderes, por dos razones fundamentales: el único de los procesados por el delito de secuestro y homicidio del niño Tomy Valderrama fue Omar Cano Lugo, alias “el Chino Cano”, y la incorporación de reconocidos abogados en la defensa de los procesados se convirtió en una verdadera traba para las investigaciones. Estos entusiastas abogados, poco interesados en la consecución de la verdad, se valieron de las fallas del sistema jurídico y de las debilidades del Poder Judicial para enredar el sumario y lograr la libertad plena de los “hijitos de papá”, con lo cual pueden corroborarse las conclusiones obtenidas por Van Groningen en el referido estudio.

4.- El papel de los medios de comunicación en la investigación penal

Todas las investigaciones contaron, en mayor o menor medida, con la presencia de los medios de comunicación social. Desde que se tuvo conocimiento de los cuatro crímenes, la prensa escrita especialmente, jugó un papel protagónico. En el caso del niño secuestrado y muerto, presionaron a los funcionarios policiales para que dieran los nombres de las personas que se hallaban involucradas, crearon una matriz de opinión conocida como “la danza de los millones” para significar la influencia del poder económico en la instrucción del sumario y se prestó para montarle una trampa al Comisario León Martínez y ponerlo al margen de las pesquisas por “violación del secreto sumarial”.
Para el análisis de lo ocurrido, resulta interesante tener en cuenta el artículo del profesor Jorge Rosell Senhenn, titulado “la independencia del juez y los factores de poder: tres experiencias” [8], ya que en él, el ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia, identifica la falta de independencia del Poder Judicial como una de las causas de su mal funcionamiento. Según el autor, esta falta de independencia es provocada en muchos casos, por la presión que ejerce el poder mediático en la función judicial. No obstante, de ese artículo, se rescatará únicamente el análisis sobre la violación del secreto sumarial y su paralelismo y diferencias con el “peine” que le montó la prensa al Comisario León Martínez, con el objeto de reflexionar sobre los motivos que tiene para actuar como lo hace y su papel en una sociedad democrática.
Plantea dicho autor que siendo Juez de Instrucción en el año 1974, ordenó al Cuerpo Técnico de Policía Judicial, abstenerse de brindar información o fotografías de los imputados a los medios de comunicación social con base en el artículo 59 de la Constitución de 1961 y en el artículo 73 del Código de Enjuiciamiento Criminal, ya que bajo el pretexto de mantener informada a la sociedad, la prensa los exponía al escarnio público, violentándoles su derecho al honor, reputación y vida privada. Como era de esperarse, fue acusado de corrupto y vilipendiado por algunos sectores del gremio de abogados y de periodistas.
En el caso del niño Tomy Valderrama, la prensa operó en sentido contrario. Abordó apresuradamente al Comisario León Martínez preguntándole si los autos de detención (así se denominaba la orden de aprehensión bajo la vigencia del Código de Enjuiciamiento Criminal), habían sido dictados contra los responsables de este horrendo crimen, a lo que él respondió que era “factible”. Al día siguiente, se presentó el gran escándalo fomentado por los abogados que defendían a los detenidos por supuesta violación del secreto sumarial. Véase en su contexto, ¿la respuesta “es factible” constituye una violación del secreto sumarial? De hecho, sólo cabía algo tan ambiguo como eso para no violentarlo, ya que un “no” hubiese sido ininteligible por tratarse de una orden judicial mientras que un “si”, hubiese significado la violación flagrante del secreto sumarial.
En ambos casos, se puede entrever que la prensa no actuó solamente con el ánimo de informar equilibradamente a la sociedad. En muchas ocasiones, toda su eficaz maquinaria es movida por intereses económicos, políticos o sociales, lo que la obliga a ser mucho más astuta en sus planteamientos. Una vez que la prensa ha señalado a alguien como posible autor de un delito, el público, irreflexivo y ávido de distracciones, asume la certeza de su participación. Mucho peor es cuando acusa directamente a algún imputado, porque si se equivoca ¿cómo revierte la situación? ¿tiene el derecho a réplica la misma contundencia?

5.- La corrupción del poder judicial

Para las décadas del sesenta y setenta, el poder judicial venezolano era manejado por tribus que dependían del partido de gobierno. Estos clanes de poder, nombraban a ciertos jueces según sus intereses, previo beneplácito del jefe de la comarca. No existía una política judicial coherente para incrementar su eficiencia y medir los resultados de su gestión, aunque sí mucha improvisación del tipo “como vaya viniendo, vamos viendo”. El retardo procesal era la regla en aquellas causas que “no interesaban a nadie”, se conocían casos de flagrante corrupción propios del realismo mágico latinoamericano y no existía una infraestructura adecuada para satisfacer las demandas de “justicia” de la población.
Actualmente, se ha maquillado el problema, creándose más tribunales con mejor infraestructura, algunos especializados en ciertas materias, se han creado “circuitos modelos” para agilizar los trámites y actuaciones y se ha empleado la figura de los jueces itinerantes para tratar de atajar problemas puntuales. Sin embargo, la situación de fondo ha empeorado. Sigue existiendo un grave retardo procesal, especialmente en materia penal, civil y contencioso administrativa, se ha desbordado la corrupción creciendo la desconfianza popular hacia el Poder Judicial hasta lo inimaginable y se han borrado los límites entre política partidista y función judicial. De mal en peor puede resumirse la situación del sistema de administración de justicia en estos últimos veinte o treinta años.
Hace mucho tiempo sonaron las alarmas y pocos le prestaron atención. La violencia, los linchamientos (ya transmitidos con morbo por las redes sociales) y la desconfianza en las instituciones, hacen pensar en una sociedad enferma incapaz de hacerle frente a la situación. Aun cuando dentro del Estado Constitucional de Derecho consagrado en la Constitución de 1999, el Poder Judicial juega un papel fundamental en la protección y salvaguarda de los derechos humanos, sigue privando la inestabilidad de los jueces, en su mayoría provisorios por la ausencia de concursos públicos de oposición desde hace casi una década, la parcialidad política, el desinterés de muchos funcionarios y el clientelismo descarado.
Una de esas campanadas fue, sin duda alguna, la publicación de cuatro crímenes, cuatro poderes, escrita con la intención de denunciar una situación y tomar conciencia de ella para poder revertirla. Sin embargo, a pesar de que su autor documenta audazmente los detalles del esfuerzo llevado a cabo por los funcionarios policiales para encontrar a sus responsables y mostrar cómo en cada caso se impusieron por la fuerza los intereses particulares, los problemas planteados en la obra se han agravado, entre otras razones, porque desde diversas instancias de poder, se ha hecho uso de un complejo y muy eficiente dispositivo que ha paralizado a la sociedad venezolana, negándole cualquier impulso sano y constructivo para solucionarlos, lo que obliga a preguntarse, una vez más, ¿hasta cuándo?

VI.- Reflexión final

En Venezuela, el Estado no siempre tiene el Poder. Cuando se oponen, en lugar de imponerse el diseño institucional concebido en los diferentes textos constitucionales, la autonomía e independencia de los Poderes Públicos, la vigencia de los derechos fundamentales, el principio de legalidad y el principio de responsabilidad (patrimonial o no) del Estado, priva la capacidad de ciertas personas de influir, condicionar y determinar el comportamiento de algunos funcionarios claves, sin que exista ninguna posibilidad real de cuestionarlo porque el ánimo caudillista que habita en muchos conciudadanos, la acallan con muerte o destierro. Por lo visto, sobran las exquisiteces marinas, cangrejos para los policías y caviar para los hombres de poder.

NOTAS

* Universidad Central de Venezuela, Abogado; Especialista en Derecho Administrativo; cursante del Doctorado en Ciencias, mención Derecho. Universidad Monteávila, Especialista en Derecho Procesal Constitucional.

[1] En el caso del niño Tomy Valderrama, el autor se valió de dos imágenes para destacar el dilema de los policías responsables y el carácter estratégico de las investigaciones refiriendo lo que decía el pueblo sobre los policías cuando cayó Pérez Jiménez (¡esbirros, esbirros!) y las partidas de ajedrez que jugaba con su amigo Caro cuando era estudiante de la Escuela Técnica Industrial.

[2] Mario Briceño Iragorry. Suelo y hombres. Obras completas. Doctrina historiográfica. Ediciones del Congreso de la República. Caracas, 1989.

[3] “La fe en la santería crece ante la violencia en Venezuela”. Artículo publicado en http://www.laverdad.com/zulia/61424-la-fe-en-la-santeria-crece-ante-la-violencia-en-venezuela.html.

[4] El carácter heroico de las batallas que libran algunos funcionarios policiales, se evidencia del peligro que corren en el ejercicio de sus funciones, el descuido de su familia por las extenuantes jornadas de trabajo y la exposición a ser arrestados cuando ejecutan acciones que incomodan al gobierno. De esto último hay lamentables ejemplos recientes.

[5] Ver https://politikaucab.files.wordpress.com/2014/10/cabrujas-1987-el-estado-del-disimulo.pdf.

[6] Artículo titulado “En libertad el Padre Biaggi, al librarse boleta de excarcelación”, publicado en el Diario El Nacional de fecha 31 de julio de 1964.

[7] Karin Van Groningen. Aplicación de la ley penal y desigualdad social. Departamento de publicaciones de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Caracas, 2010.


[8] Artículo publicado en el libro homenaje a Rafael Mendoza Troconis. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Tomo I, Caracas, 1998.

jueves, 7 de enero de 2016

Colegio Francia de Caracas


MEMORIA GRÁFICA
DEL ANTIGUO COLEGIO FRANCÉS
Antecedente del Colegio Francia de Caracas

Por Emilio Spósito Contreras

Durante el “Guzmanato” (1870-1890) se promovió el progreso de Venezuela, teniendo como ejemplo a la Francia del Segundo Imperio. Un hito de esta tarea lo constituyó el Decreto de Antonio Guzmán Blanco del 27 de junio de 1870, que estableció –aun antes de lograrlo en Francia la campaña liderizada por Víctor Hugo (1881)– la instrucción primaria pública, como gratuita y obligatoria.

En esta misma tendencia modernizadora, durante el gobierno de Raimundo Andueza Palacio (1890-1892), se fundó en 1891 el Internado de San José de Tarbes, regentado por las religiosas francesas: Hermanas de San José de Tarbes; y en 1903, el Colegio Francés, conocido como “Colegio de los Padres Franceses”, por estar dirigido por los Hijos de María Inmaculada.

Paradójicamente, el anticlericalismo en Francia, que también caracterizó a Guzmán en Venezuela, permitió la llegada de los Hijos de María Inmaculada, suprimidos en Francia por la Ley sobre Asociaciones del 1° de julio 1901, quienes mantuvieron el Colegio hasta la reorganización de la Congregación en 1920 (vid. http://www.incarnationweb.org/Region-Venezuela,330, consultado el 21 de octubre de 2015).

La huella del trabajo pedagógico de apenas 17 años, fue tan importante, que todavía más de 30 años después, los ex alumnos del Colegio Francés promovieron, en 1955, la apertura del actual Colegio Francia, administrado hasta 1974 por los mismos Hijos de María Inmaculada. Hoy en día, el Colegio Francia de Caracas pertenece a la red de establecimientos de la Agencia para la Enseñanza del Francés en el Extranjero (AEFE).

En la página de Internet del Colegio Francia de Caracas, se mencionan entre los ex alumnos del Colegio Francés, propulsores del actual Colegio, a ilustres venezolanos como Rafael Bruzual Berthier, Rafael Vera, Alberto Reyna, Jesús Sanabria, Andrés Sucre, Pierre Sapene… (vid. http://etab.ac-poitiers.fr/colegiofrancia/IMG/pdf/Historique_du_Lycee_Francais_de_Caracas_sans_chiffres.pdf, consultado el 21 de octubre de 2015); pero, obviamente, la lista no se agota allí. Sabemos de otros, como Fernando Paz Castillo o Juan Pablo Pérez Alfonzo, y el siguiente documento fotográfico, “curso del Colegio Francés de Caracas” (ca. 1916), suministrado por José Antonio Hachim Ziade, así lo testifica:


Según la indicación de Hachim Ziade, referida por su tío, Jesús Ziade –protagonista de la fotografía–, algunos de los alumnos retratados son: Cipriano Domínguez, Antonio Domínguez, Edgar Sanabria, Raúl Soulés Baldó (1°, 3°, 4° y 7°, respectivamente, de la 4ª fila); Jesús Ziade, Tomás Sanabria, Jesús Franceschi, Eugenio Mendoza (1°, 6°, 7° y 8°, respectivamente, de la 3ª fila); Arturo Uslar Pietri (6° de la 2ª fila); José Santiago Rodríguez, José Antonio Borges Villegas, Clodomiro Sánchez, Germán Suárez Flamerich y Luis Guillermo Villegas Blanco (1°, 3°, 4°, 5° y 7°, respectivamente, de la 1° fila).

Se desconoce el nombre del padre que dirige a los niños (al centro de la fotografía), pero podemos reconocerlo en la foto de “Los Hijos de María Inmaculada en el Colegio Francés en 1907” (segundo de pie), obtenida de la página web de la Congregación (vid. http: // www . incarnationweb . org / Region - Venezuela , 330).


Resulta sorprendente que en un grupo tan reducido, de apenas 29 niños, se encontraran tantos futuros personajes de la vida del país, en sectores fundamentales como la política, la economía y la cultura. Nos referimos a dos Presidentes de la República: Germán Suárez Flamerich (1950-1952) y Edgar Sanabria (1958); el empresario más rico de su época: Eugenio Mendoza; y uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX: Arturo Uslar Pietri.


A partir de la fotografía de un curso del Colegio a principios del siglo XX, resulta sugestivo pensar en lo beneficioso que puede llegar a ser para el país, la fórmula: enseñanza francesa, estudiantes aplicados y familias comprometidas en la educación de sus hijos. La fuerza de este pensamiento se mantiene vigente, tanto para ayer, como para hoy.