viernes, 25 de septiembre de 2015

Derecho de los animales


Sacha Rohán Fernández Cabrera*


EL DERECHO DE LOS ANIMALES


En los nuevos tiempos se ha venido incrementando el activismo de los seres humanos en protección de los animales, surgiendo diferentes tipos de organizaciones en protección de los mismos, como Animal Legal Defense Found [1] o PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) [2], en los cuales se pretende generar una conciencia sobre la conducta humana respecto a ellos y el tener una actitud más ecológica.
Esto ha llevado a que se plantee si los animales tienen derechos, y en caso de reconocérseles, observar si se trata de facultades propias, que pueden ser llamados como derechos animales, o si le son extensibles los derechos humanos a ellos.
De esta forma este llamado derecho de los animales, se trata de una colección de normas positivas y de decisiones jurisprudenciales que tienen por objeto a la naturaleza, tomando en consideración el aspecto legal, social y biológico de los animales, lo cual es distinto de la filosofía y movimiento sobre los “derechos naturales” de los animales.
Cuando se trata sobre el derecho de animales se incluye tanto a los animales de compañía, los silvestres, los animales empleados en el entretenimiento y los animales criados para comida, investigación y trabajo, siendo comparado el surgimiento de esta nueva actividad humana, con el movimiento del derecho ambiental que se efectuó hace 30 años.
Actualmente, el derecho de animales se enseña en 100 facultades de derecho estadounidenses, incluyendo Harvard, Stanford, UCLA, Northwestern, University of Michigan y Duke, aunado al hecho de que cada vez más asociaciones de la abogacía de EEUU, tanto estatales como locales, tienen comités del derecho de animales [3].
Con el respeto de los animales se busca asegurar el equilibrio de la biodiversidad, en el cual los animales no humanos deben disfrutar de los mismos derechos que los humanos porque ocupaban la tierra antes de que apareciera el homo sapiens, considerándose a los humanos como invasores o “colonos” y a ellos como los nativos o “aborígenes” a los que se les niegan los derechos fundamentales y a quienes además se asesina con el acuerdo consciente o inconsciente de la gente.
Así, los enfoques que se tratan son tanto filosóficos y pragmáticos, sobre todo en cuanto a quién tiene la legitimación procesal para accionar judicialmente cuando se daña un animal en una manera que infrinja la ley y qué constituya una crueldad, teniendo implicaciones legales en todas las áreas del derecho como la de responsabilidad extracontractual, contractual, penal y constitucional.
De esta manera se manejan temas como los relativos a los conflictos con la custodia de animales en las separaciones o divorcios de los seres humanos; los casos de mala praxis de los veterinarios; los conflictos habitacionales que suponen políticas sobre animales domésticos y leyes de discriminación; los casos de daños que suponen la muerte o herida injusta a un animal de compañía y lazarillos; los fideicomisos establecidos a favor de animales [4]; e inclusive un derecho penal que incluye la violencia doméstica y leyes que están contra la crueldad, la comercialización o mercantilización de los animales, así como su uso para actos violentos en peleas entre ellos o contra el hombre, así como el uso deportivo de los mismos [5].
Hace poco, el 4 de diciembre de 2014, una corte de Estados Unidos rechazó una petición de habeas corpus interpuesta por la organización NonHuman Rights Project, para liberar al chimpancé Tommy, que es propiedad de un particular en Nueva York, argumentándose que no se trata de una “persona” y, por ende, no tiene los derechos y protecciones de las mismas. Esta demanda no se basaba en la denuncia de las condiciones en las que vivía el animal sino que se reclamaba que se le aplicara al chimpancé la normativa de hábeas corpus creada para evitar el arresto o detención arbitraria de personas, ya que las condiciones de vida son semejantes a una persona en régimen de aislamiento ilegal, sobre todo al tratarse de animales con cualidades humanas que merecen derechos fundamentales, incluida la libertad de la prisión [6].
El tribunal estimó que no existían precedentes ni bases legales para el tratamiento de los animales como personas, entendiendo como persona a cualquier ser al que la ley considera susceptibles de derechos y deberes, siendo que los chimpancés no pueden soportar ningún deber legal, someterse a las responsabilidades sociales o ser considerada legalmente responsable de sus acciones [7].
Más recientemente, un tribunal en Argentina, luego de que unos activistas por los derechos de los animales interpusieran un habeas corpus, reconoció que una orangután, que nació en cautiverio en Alemania y de nombre Sandra, podía ser liberada de su encerramiento en el zoológico de Buenos Aires y llevada a un santuario luego de que reconociera que la primate es un “sujeto no humano” privada ilegalmente de su libertad [8].
Esta sentencia, según la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los animales (AFADA), es un hito en dicho país que puede abrir el camino a más demandas a favor de todo tipo de animales en zoológicos, circos, parques acuáticos y centros de experimentación, sobre todo al reconocer que el simio tiene funciones cognitivas suficientes como para no ser tratado como un objeto y, que por lo tanto, merece derechos humanos básicos como un “sujeto no humano” [9].
En Venezuela, algunos activistas por los derechos de los animales, hacen llamados a evitar asistir a zoológicos, circos y acuarios debido a las condiciones de vida de los animales en estos lugares [10], aunado a la existencia de programas del gobierno como la Misión Nevado [11], también se debe destacar la existencia de la Ordenanza sobre Tenencia, Control, Registro y Protección de Animales en el Municipio Libertador del Estado Mérida, publicada en la Gaceta Oficial Municipal Extraordinaria Nro. 35, Año IV, de 5 de diciembre de 2008, que reconoce que todo animal tiene los derechos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos de los Animales [12].
Se critica que se desconocen los aspectos biológicos de las especies, alegando injustificadamente maltratos, estrés o depresión del animal, con lo cual se incurre en uno de los errores más comunes de los seres humanos: que es humanizar cualquier conducta animal.
Lo cierto es que existen pocos precedentes legales pro-animal en el mundo, así cada caso presenta una oportunidad para cambiar el futuro legal de los animales. Igualmente, consideramos que efectivamente no se puede tratar de dar características humanas a los animales, aunque compartamos con algunos de ellos, como con ciertos primates, el 90% del ADN y los genes, aunque no negamos que puedan tener sentimientos y poseer funciones cognitivas y sociales, como para no considerarlos un objeto, sino que requieren de algún tipo de protección jurídica, pero ello no implica que sean humanos ni que se puedan asimilar a los mismos para otorgarles idénticos derechos, sino que por el contrario, se deberá desarrollar algún tipo de legislación y derechos especiales y propios para su resguardo y protección, sería sandio tratarlos como si fuesen homo sapiens y puedan asumir obligaciones como nosotros y desconocer su esencia biológica y natural.

NOTAS

*Universidad Central de Venezuela. Abogado, doctorando en Derecho, profesor de Derecho Civil III, Obligaciones.

[1] En español Fundación de la Defensa Legal de Animales, que fue fundado por la abogada Joyce Tisckler en 1979, como la primera organización dedicada a la promoción de la esfera del Derecho de animales y usando el derecho para proteger las vidas y defender los intereses de animales.

[2] Fundada en 1980, es una corporación sin ánimo de lucro, financiada casi exclusivamente por sus miembros, es el mayor grupo por los derechos de los animales en el mundo. Tomado de http://www.petalatino.com/, consultado el 27 de enero de 2015.

[3] Tomado de “Derecho de animales” https://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_de_animales, consultado el 22 de diciembre de 2014.

[4] Lo cual se ha adoptado por 39 estados de la Unión en los EEUU y otras partes del mundo, conocido como pet trust, siendo que en EEUU existe una ley especial conocida como Pet Trust Act, cuyas normas aseguran al animal una existencia digna en caso de muerte, o de incapacidad de su dueño.

[5] En Venezuela se debe tener la Ley de Protección de Fauna Silvestre, publicada en la G.O. N° 29.289 de 11 de agosto de 1970, entre otras que hacen mención a la protección de los animales.

[6] Tomado de “Un tribunal de EEUU niega el derecho a la libertad al chimpancé Tommy
http://www.lavanguardia.com/natural/20141205/54420551006/tribunal-eeu-niega-derecho-libertad-chimpance-tommy.html, consultado el 27 de enero de 2015.

[7] Tomado de “Un tribunal de EEUU niega el derecho a la libertad al chimpancé Tommy
http://www.lavanguardia.com/natural/20141205/54420551006/tribunal-eeu-niega-derecho-libertad-chimpance-tommy.html, consultado el 27 de enero de 2015.

[8] Tomado de “Orangután cautivo tiene derecho humano a la libertad, decide la Cortehttp://www.lapatilla.com/site/2014/12/21/orangutan-cautivo-tiene-derecho-humano-a-la-libertad-decide-la-corte/, consultado el 22 de diciembre de 2014. Esta sentencia fue apelada y se espera por la decisión del tribunal superior.

[9] Tomado de “Orangután cautivo tiene derecho humano a la libertad, decide la Cortehttp://www.lapatilla.com/site/2014/12/21/orangutan-cautivo-tiene-derecho-humano-a-la-libertad-decide-la-corte/, consultado el 22 de diciembre de 2014.

[10] Tomado de “Activista por los derechos de los animales pide no asistir a los zoológicoshttp://www.lapatilla.com/site/2015/01/22/activista-por-los-derechos-de-los-animales-pide-no-asistir-a-los-zoologicos/, consultado el 23 de enero de 2015.

[11] Es un proyecto colectivo, creado por el gobierno del ex presidente Hugo Chavez, en la G.O. N° 40.324 de 30 de diciembre de 2013, enmarcado en el movimiento animalista y ecosocialista, que busca integrar la inclusión de los derechos animales y los derechos de la madre tierra en la ética del hombre y de la mujer nuevos, al considerar que para lograr una Nueva Humanidad, no es suficiente con cambiar las relaciones económicas de producción sino que también es imprescindible cambiar nuestra relación con la naturaleza.


[12] Igualmente se debe hacer referencia a la acción de amparo por intereses y derechos colectivos y difusos interpuesta ante la Sala Constitucional por Daniel Augusto Suárez Bernal, Norelys Yohana Vásquez Gómez y Roselyn Valbuena Carson contra la Alcaldía del Municipio Maracaibo del Estado Zulia por la celebración de las corridas de toro del día de la Chinita, expediente N° 13-1208, en la que piden se prohíban al considerar que “(…) se [les] vulnera este derecho ya que no se puede catalogar como seguro, sano y ecológicamente equilibrado aquel entorno que se presta a la realización de una actividad sangrienta, cruel y brutal como lo son las corridas de toros y estos animales sin lugar a duda forma parte de las especies vivas, por lo tanto se desprende la obligación del Estado de conformidad con el precepto constitucional a protegerlos y a su vez a la sociedad de contribuir con dicha protección (…)”, sentencia N° 337 de 2 de mayo de 2014.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Afanes de la patria criolla


Teodoro Hampe Martínez*

LA CARTA DE JAMAICA Y LOS AFANES DE LA PATRIA CRIOLLA

(Versión revisada del artículo publicado en el diario oficial El Peruano,
Lima, 12 de setiembre 2015, p. 13)

El pasado 6 de setiembre ha llegado a su bicentenario la Carta de Jamaica, legado fundamental del pensamiento bolivariano por su indiscutible valor como texto de reflexión y análisis, donde se expone la más cabal teoría sobre la independencia de Hispanoamérica y su ulterior desarrollo socio-político. La Carta destaca los altos niveles de visión política alcanzados por Bolívar, como resultado de su esfuerzo por situar la lucha independentista de Venezuela dentro de una perspectiva americana y mundial. Ella resulta en la actualidad un texto imprescindible, ante la imperiosa convocatoria a la integración latinoamericana y caribeña.
¿Qué es la Carta de Jamaica? Un documento escrito por Simón Bolívar a los 32 años de edad, respondiendo supuestamente a un caballero de la isla de Jamaica, sobre el estado en que se encontraban las colonias españolas del Nuevo Mundo. El profesor Juan Antonio Calzadilla explica que en Jamaica el Libertador pudo «depurar su visión geopolítica, su memoria histórica, incluso su gran proyecto de unión de la América española». La misiva, dirigida al enigmático Mr. Henry Cullen, se convirtió en pretexto para escribir una de las piezas nucleares del discurso histórico americano.
Las intrigas de veteranos militares y políticos en la Nueva Granada habían forzado a Bolívar a marchar al exilio en la isla de Jamaica. En esta coyuntura, los recientes sucesos de Europa crearon una situación geopolítica que agravaba el contexto americano; Napoleón Bonaparte era derrotado en Waterloo, mientras que el rey Fernando VII había recuperado el trono en España y quería acabar con la insurgencia en las colonias. Las condiciones generales del proceso emancipador eran muy difíciles y las personales del Libertador, casi de penuria.
Bolívar se instaló en un puesto del Imperio británico animado por la idea de convencer a este de su cooperación con el proyecto de la independencia hispanoamericana. En Kingston vivirá desde mayo hasta diciembre de 1815, «exiliado y sin tropas», tiempo que dedicó a la meditación acerca del porvenir de nuestro continente ante la situación política global. En tierras jamaiquinas escribe diferentes cartas y expone a importantes personalidades la gesta de los patriotas criollos y su derecho a la independencia.
Ante un panorama evidentemente sombrío, el Libertador construye este famoso documento que aún hoy día impacta por su profundidad y clarividencia. En la Carta de Jamaica, el joven Bolívar hace un análisis psicológico y sociológico de los americanos del Sur. Y señala que en este hemisferio habitan unos 16 millones de personas, que luchan por defender sus atribuciones como ciudadanos.
A lo largo de la misiva, de 17 hojas de extensión, el autor sostiene sin ambages su postura sobre la unión de las tierras de América, aquellas que al liberarse del coloniaje estarían llamadas a unirse «en una sola nación». Haciendo frente a la desdicha, apuesta por el buen suceso de las revoluciones hispanoamericanas, pues se han desatado ya los vínculos que unían a las colonias con la «madre patria» y se ha logrado gozar de libertad con las juntas municipales de los años precedentes. En su opinión, Europa debería haber preparado y coadyuvado al proyecto de la independencia americana, por ser este un medio legítimo y seguro para adquirir puestos de comercio ultramarinos.
El documento contiene un parecer especial y algo negativo acerca del Perú, territorio que se presenta complicado por encerrar tanto oro como esclavos, dos elementos corruptores de todo régimen justo y liberal. Además, observa que la aristocracia limeña ha hecho la guerra a los insurrectos de Quito, Chile y Buenos Aires, lo cual demostraría la poca voluntad hacia la emancipación que había en este virreinato. Una evaluación poco grata a la cual se ha opuesto, por cierto, la historiografía contemporánea.
El historiador venezolano Elías Pino Iturrieta ha criticado las modernas lecturas que se han hecho de la Carta de Jamaica, donde se llega a conclusiones que contradicen el propio manuscrito del Libertador, sin tener en cuenta que fue redactado con un eminente afán propagandístico. Dicho académico recomienda no ver el texto como si fuera palabra bíblica y evitar las apreciaciones hiperbólicas de Bolívar. Cuando el Libertador escribió ese notable manifiesto estaba pasando una mala racha y se fue a la capital de Jamaica a decir algunas cosas «maravillosas», adecuadas a su propósito político.
En fin, Bolívar afirma que los criollos como él «no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles», o sea americanos por nacimiento y con los mismos derechos que los peninsulares. El prócer caraqueño usó como credencial ser portavoz de esa suerte de clase media, ese nuevo género humano, a fin de defender el proyecto emancipador y ofrecer oportunidades a Inglaterra, la nación liberal más poderosa del siglo XIX. Para hacerse fuertes, decía el Libertador con toda certeza, los colonos hispanoamericanos requerían los auspicios de una gran potencia que ofreciera su protección.

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* Licenciado en Historia y en Educación por la Pontificia Universidad Católica del Perú; Doctor en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor ordinario de la Pontificia Universidad Católica del Perú y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Bicentenario de la Carta de Jamaica


Msc. Félix Roque Rivero*

LA CARTA CONTINENTAL
A punta de apuntes

El 6 de septiembre de 1815, el Libertador Simón Bolívar escribió en la isla de Jamaica una carta dirigida a un americano meridional. Era la contestación que Bolívar da a la misiva que le enviara el 29 de agosto de 1815  Henry Cullen y en la cual el Libertador analiza el presente de la América Hispana, partiendo del pasado y a la vez plantea las grandes líneas estratégicas, previsibles para la construcción de los pueblos, lograda como fuera la independencia del imperio español. Esa carta cumple doscientos años de su redacción y aún hoy mantiene en buena medida plena vigencia, lo que indica la permanencia en el tiempo del pensamiento bolivariano.

¿Quién es el Bolívar que escribe la Carta?

Cuando Bolívar redacta la Carta de Jamaica, tenía apenas 32 años de edad y ya su genio relampagueaba por encima de las edades. Venía de padecer las grandes derrotas y miserias del año 1814, de sufrir la amargura de verse desconocido por Ribas y Piar en Carúpano. El 23 de enero de 1815 es designado Capitán General de la Confederación de la Nueva Granada, por ello se despide de los bogotanos para marchar hacia Cartagena y proseguir a libertar a Venezuela. En la población de Turbaco, el 23 de marzo de 1815 sostiene una larga y agria discusión con el Gobernador del estado de Cartagena quien le niega las armas y demás pertrechos necesarios para continuar la campaña libertadora. En carta dirigida al Comisionado del Gobierno General J. Marimón y Enríquez, con firmeza escribe Bolívar: “Supuesto que no me quieren dar los auxilios de armas prevenidos por el gobierno general, para atacar y destruir los enemigos de la patria, lo que será sin duda en odio a mi persona y en hostilidad a los libertadores de Venezuela, Ud., me admitirá la renuncia que le hago del mando, puesto en mí por el gobierno patrio, y dispondrá que se me prepare un buque en Sabanilla, en que poder trasladarme a una colonia extranjera; pues no quiero que el ejército de la Unión se pierda inútilmente estando a mi cargo”. Sin esperanzas de obtener elementos para continuar la guerra por parte del gobierno de Cartagena, Bolívar renuncia a su proyecto liberador; comienzan a ejercerse contra él todo tipo de intrigas; su correspondencia es interceptada. En carta premonitoria dictada desde el Cuartel de la Popa el 8 de mayo de 1815 dirigida al Presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, Bolívar ratifica su amor por la paz pública y por la patria y se limita a “…pedir solamente la amistad de esta provincia para ir a encontrar la muerte inevitable en Santa Marta”.
Bolívar arriba a Jamaica el 14 de mayo de 1815 y de inmediato inicia sus contactos políticos con personalidades de la Isla. El 19 de ese mismo mes escribe una carta al señor Maxwell Hyslop con una ligera relación de los últimos sucesos ocurridos en la Nueva Granada. Por una desgracia frecuente en las revoluciones –sostiene– en Cartagena existían dos partidos: uno moderado e indiferente, el otro exaltado contra los españoles realistas. Los moderados triunfaron y derrotaron a los que se consideraban patriotas. Ante el caos ocasionado por la guerra civil, sostiene Bolívar que el General Morillo, de actuar con acierto y celeridad podía restaurar el gobierno español en la América del Sur, toda vez que “los pueblos, acostumbrados al antiguo dominio, obedecen sin repugnancia a estos tiranos inhumanos…y la masa general ignora todavía sus derechos y desconoce sus intereses”. El 29 de mayo de 1815, Bolívar le escribe al Duque de Manchester, Capitán General y Gobernador de Jamaica informándole de los sucesos acaecidos en la Nueva Granada y su decisión de venir a la Isla con el objeto “de pasar a Inglaterra a emplear mis esfuerzos en procurar a la América un apoyo, que la ponga en actitud de pagar su gratitud con ventajas a sus bienhechores”.
El 10 de julio de 1815, Bolívar escribe una extensa carta al Presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada en a cual expresa su balance de las causas que originaron el fracaso de las acciones militares que debieron conducir a la libertad de Cartagena y de Venezuela, pese a los esfuerzos de hombres bravos como el general Rafael Urdaneta y a que los pueblos acogieron a los soldados venezolanos con “admiración y ternura”.
La guerra civil que existía en Cartagena había envuelto a todos los habitantes de la provincia, el general Castillo se había vuelto contra Bolívar gracias a una antigua rivalidad, reputándose como su enemigo más cruel, negándole todo apoyo. En este balance, Bolívar da cuenta detallada de todos los pormenores que debió padecer: la perdida de soldados por la malaria, la desnutrición de sus hombres por la falta de alimentos, las envidias y los rencores de Castillo, las burlas de que era objeto por parte de éste y sus allegados, las traiciones e intentos de asesinarlo. El 16 de julio de 1815, Bolívar escribe a Luis Brión solicitándole ayuda para que socorra al coronel Miguel Caraballo, militar valeroso y de su más íntima confianza y le confiesa a Brión estar “viviendo en la incertidumbre y en la miseria”, excusándose de viajar a Haití para no descuidar las tareas que desplegaba en Jamaica procurando recursos para la causa. El 18 de agostos de 1815 el Libertador dirige una carta al editor “The Royal Gazette” en la cual comenta los horribles y abominables crímenes cometidos por los españoles para destruir a los habitantes de América después de la conquista. Así, trae a la memoria “la abominable destrucción de los incas y de casi toda la población del Perú y los sufrimientos experimentados por Tupac-Amaru y toda su real familia… El jefe realista Antoñanzas hizo prisioneros a 300 americanos en San Juan de los Morros y los ahorcó a todos. El comandante español Zuasola decapitó la mayor parte de la población de Aragua y Rosete, para no quedarse atrás, asesinó a cientos en la población de Ocumare al pie del altar de nuestro Salvador”. Como puede apreciarse, Bolívar no daba descanso a su pluma para difundir las atrocidades que los españoles cometían contra su pueblo. Era un corresponsal de guerra, un gran comunicador, que aún sin ejército a su mando, seguía combatiendo a sus enemigos sin darles tregua. Aprovechaba el tiempo para estudiar a profundidad los acontecimientos de la América y de Europa, alimentando su espíritu con el estudio y la reflexión profunda, venciendo cuánta dificultad se le presentara.

Si la justicia decide las contiendas de los hombres…

Estimado Cullen –expresa Bolívar en su Carta– el hábito a la obediencia, un comercio de intereses, de luces, de religión, una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros padres, en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España. De aquí nacía un principio de adhesión que parecía eterno. “Al presente sucede lo contrario: la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, nos amenaza y tememos, todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrasta. El velo se ha rasgado, ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas, ya hemos sido libres y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, la América combate con despecho y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria”. Así comienza Bolívar su carta de Jamaica. Es el hombre inquieto, afiebrado por las calenturas de las derrotas, de las traiciones que pese a todo, conserva intacto el espíritu rebelde y el entusiasmo que ni el mismo Lucifer había logrado opacar y que jamás llegó a desconfiar de la fortuna que años más tarde lo cubriría de gloria eterna y que lo convertiría en el más brillante General de toda La América de habla castellana.
El Bolívar que escribe la carta, es el joven estudioso de la historia de América que habla de los acontecimientos ocurridos en el belicoso estado de las provincias del Río de la Plata que ha conducido sus armas vencedoras al Alto Perú libertando a cerca de un millón de personas.
Comenta los acontecimientos que ocurren en el Reino de Chile donde los valerosos araucanos luchan tenazmente por su independencia. Destaca de cómo la sumisión de los habitantes del Virreinato del Perú es al que más sacrificios le han arrancado para la causa del Rey de España. La Nueva Granada –dice– es el corazón de la América y adicto a la causa de su patria, capaz de derrotar a las fuerzas del General Morillo delante de la inexpugnable plaza de Cartagena. En cuanto a su patria Venezuela, a la que llama heroica y desdichada, las desgracias la han reducido a la indigencia y a una soledad espantosa, sus tiranos gobiernan un desierto, los más de los hombres han perecido por no ser esclavos y los que viven combaten con furor, su población ha sido sacrificada por la tierra (terremoto), la espada, el hambre, la peste y las peregrinaciones. En la Nueva España (territorio mexicano y guatemalteco), allí la lucha se mantiene a base de sacrificios de todas las especies. Pero a pesar de todo, los mexicanos serán libres, vaticina Bolívar, porque han abrazado el partido de la patria. Las islas de Puerto Rico y Cuba son las que con mayor tranquilidad poseen los españoles porque están fuera del contacto de los independentistas.
Evidenciando su visión de estratega geopolítica, Bolívar expresa que ante este cuadro, la Europa haría un bien en disuadir a España de su obstinada temeridad. Es más –expresa– la propia Europa debería haber preparado y ejecutado el proyecto de la independencia americana, no solo porque el equilibrio del mundo así lo exige, sino porque este sería el medio legítimo de adquirir establecimientos marítimos de comercio. Los americanos en el sistema español –refiere Bolívar– no ocupan otro lugar en la sociedad que el de siervos propios para el trabajo y, cuando más, el de simple consumidores a quienes les está prohibido cultivar frutos europeos. Tan negativo es nuestro estado que no encuentro semejanza alguna en otras naciones civilizadas, señala Bolívar. Por eso se pregunta: ¿No es la unión todo lo que se necesita para ponerlos en estado de expulsar a los españoles, sus tropas y los partidarios de la corrompida España para hacerlos capaces de establecer un imperio poderoso, con un gobierno libre y leyes benévolas? Seguramente la unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración. Lo que puede ponernos en actitud de expulsar a los españoles y de fundar un gobierno libre es la unión, más ella no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos, escribe Bolívar con claridad profunda de un político experimentado. Finaliza señalando que “…cuando los sucesos no están asegurados, cuando el estado es débil, cuando las empresas son remotas, todos los hombres vacilan, las opiniones se dividen, las pasiones las agitan y los enemigos las animan para triunfar por este fácil medio”.

El legado de Bolívar

A los doscientos años de la Carta de Jamaica, el pensamiento bolivariano continúa marcando los destinos de nuestros pueblos. El clamor de Bolívar por un mundo libre que fundiera no solamente las cadenas que nos ataban al imperio español, sino que estableciera las bases para la organización de un nuevo orden mundial tal, multipolar y no periférico como está planteado hoy día. La visión profética del Padre de la Patria señalaba los caminos de una verdadera revolución que rompiera con los lazos de la dependencia, de la injerencia por parte de las grandes potencias en los asuntos internos de los pueblos y que procure la solución pacífica de los conflictos. Un mensaje dirigido a preservar nuestros territorios y cuidar nuestras fronteras, viviendo en paz y armonía con nuestros vecinos. Los pueblos de América Latina tienen en él, un centro ideológico de profundo contenido nacionalista, patriota y revolucionario, con sentido crítico y autocrítico que invita a pensar por nosotros mismos, sin subestimar a nadie ni olvidar la estirpe libertaria que representamos. La Carta de Jamaica, al decir de Don Augusto Mijares tiene múltiples derivaciones sociológicas e históricas. En ella Bolívar no se plantea únicamente la guerra entre españoles y patriotas, no, su enfoque responde a una visión mundial entre progresistas y conservadores señala Mijares. Ese planteamiento es el mismo de hoy, con sus características y realidades. Es la pugna de poder de los grandes centros de poder financiero-militar por someter a los pueblos que quieren ser libres y vivir en paz. Es ese imperio que se mueve de manera subterránea derrumbando gobiernos legítimos e imponiendo presidentes títeres que de manera sumisa responden a sus intereses. En la Carta de Jamaica volvemos a ver al Bolívar resucitado que ha regresado vuelto millones para indicarnos los senderos de la verdadera liberación, de la integración latinoamericana y caribeña clamando por la mayor suma de estabilidad política y por la mayor suma de felicidad social para los pueblos. Por todo ello y más, ¡Bolívar vive y vive!

*canaimaprofundo@hotmail.com.
El autor es Magíster Scientiarum en Relaciones Internacionales
por la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela.