jueves, 25 de mayo de 2017

La retórica

Emilio Spósito Contreras


LA RETÓRICA DE LOS SOFISTAS EUTIMEO Y GORGIAS
O sobre aquellos que defraudan a través de leyes y sentencias

S u m a r i o

I. La retórica; II. Relación lenguaje-mundo; III. Principios lógicos; IV. Ontología subyacente; V. Criterio de verdad.


Cuando se viven momentos confusos y se tergiversa la realidad para traicionar y engañar, nada mejor que recurrir a los clásicos, a su imperturbable sabiduría, para encontrar claridad y firmeza.
Entre los autores más prominentes, seguro Platón nos ofrece de las más acertadas obras, sobre todo porque floreció en tiempos en que Atenas padeció el influjo de charlatanes y gobiernos tiránicos.
Eutidemo y Gorgias representan a todo aquel capaz de mentir a conveniencia, que al final, trágicamente, no tiene más opción que evitar la luz de la verdad para ocultar su bajeza.

I. La retórica


Eutidemo 271, c: Critón: A ninguno de los dos conozco, Sócrates; son, pues, al parecer sofistas nuevos. ¿De dónde?, y, ¿En qué son sabios?
Sócrates: Por su origen y procedencia, creo, son de Quíos; mas emigraron a Turio, y, huyendo de allá, hace ya muchos años andan por estos lugares. En cuanto a la sabiduría por la que preguntas, maravillosa es la suya, Critón. Sencillamente, los dos son sabios en todo. Hasta ahora no sabía lo que eran pancraciastas [1]. Pues estos dos son cabalmente omniluchadores, mas no al estilo de los dos hermanos pancraciastas de Acarnania, que éstos sólo eran capaces de luchar con el cuerpo; empero, esos dos son, primero, grandísimamente de temer en lucha cuerpo a cuerpo y en esotra clase de lucha en que se trata de ganar a toda cosa; porque ambos son grandemente sabios en pelear con armas y son capaces de hacer tal a quien se lo pague. Además: respecto de la lucha en juzgados, son poderosísimos tanto en pelearla como en enseñar a otro a pronunciar y redactar esos discursos propios de juzgados. Antes, eran sólo de temer en esto; mas ahora han llevado en perfección la arte pancraciasta, pues les faltaba tan sólo luchar sin trabajo; pero ahora la practican de modo que nadie es capaz ni de enfrentárseles, ¡tan temibles han llegado a ser en discursos!, que impugnan y refutan dígase lo que se dijere, tanto que sea falso como verdadero. Por cierto Critón, que yo mismo tengo en mientes encomendarme a tales varones, ya que afirman que, en breve tiempo, hacen a cualquiera temible en tales cosas” [2].

La “retórica” es planteada en el Eutidemo como una lucha cuerpo a cuerpo, sólo que en el campo del lenguaje, los razonamientos... destinada a refutar cualquier proposición. Pese a que en el juego de la retórica no existían reglas expresas, comúnmente se aceptaba la imposibilidad de contradecirse. Esta disciplina, en tanto practicada por sofistas, podía contratarse para defenderse tanto en los tribunales como en las asambleas democráticas.

Más que “retruécanos lingüísticos, gramaticales, etimológicos...” [3], la refutación implicada en la retórica, consistía en una técnica: “La refutación tiene dos fases: (+a) toma uno una parte de la disyunción inicial y –mediante pasos, ordenados por preguntas de otro, seguidas de respuestas del primero– se lleva a que el primero afirme la otra parte de la disyunción. (-a) Toma uno esta otra parte de la disyunción inicial y –mediante...– se lo lleva a que él mismo afirme la otra parte [4].

II. Relación lenguaje-mundo

Eutidemo, 272 a y b: Sócrates: (...) grandemente sabios en pelear con armas y son capaces de hacer tal a quien se lo pague. Además: respecto de la lucha en juzgados, son poderosísimos tanto en pelearla como en enseñar a otro a pronunciar y redactar esos discursos propios de juzgados. Antes, eran sólo de temer en esto; mas ahora han llevado en perfección la arte pancraciasta, pues les faltaba tan sólo luchar sin trabajo; pero ahora la practican de modo que nadie es capaz ni de enfrentárseles, ¡tan temibles han llegado a ser en discursos!, que impugnan y refutan dígase lo que se dijere, tanto que sea falso como verdadero. Por cierto Critón, que yo mismo tengo en mientes encomendarme a tales varones, ya que afirman que, en breve tiempo, hacen a cualquiera temible en tales cosas.


Eutidemo, 289 b: Ni siquiera, si hay alguna ciencia que nos haga inmortales, mas no nos dé saber el servirnos de la inmortalidad, no nos sería, al parecer, de algún provecho, si es que hemos de dar fe de lo dicho.
Convenimos en todo ello.
Necesitamos, pues, jovencito bello, añadí yo, de una ciencia en que coincidan hacer y saber servirse de lo hecho.
–Tal parece, respondió.

Gorgias, 448 d: Sócrates: Bellamente, al parecer, Gorgias, se ha preparado Polo para el discurso; mas no hace lo que prometió a Querefonte.
Gorgias: ¿Qué sobre todo?, Sócrates.
Sócrates: Que no me parece responda precisamente a lo preguntado.
Gorgias: Pues si quieres le preguntas tú.
Sócrates: No; si quisieras responder tú, sería mucho más agradable preguntarte a ti, porque, evidentemente, por lo que Polo ha dicho se ha ocupado de la así llamada “retórica” más que de “dialéctica”.

Gorgias, 449 d: Sócrates: Ahora bien: ¿afirmas ser tú entendido en arte retórica y hacer retórico a cualquier otro? ¿Sobre qué especial realidad versa la retórica?, a la manera como la arte textil versa sobre la elaboración de vestidos. ¿Es así?
Gorgias: Sí.
Sócrates: ¿Y la música, parecidamente, sobre la composición de tonadas?
Gorgias: Si.
Sócrates: ¡Por Hera, Gorgias, que admiro tus respuestas; no es posible repuesta más breve que la tuya!
Gorgias: Estoy cierto, Sócrates, de hacerlo discretamente.
Sócrates: Dices bien Vamos, pues, respóndeme así también respecto de la retórica: ¿sobre qué especial realidad versa tal ciencia?
Gorgias: Sobre razones-habladas.

¿Qué entienden los sofistas y Platón por lenguaje? En el Eutidemo, Sócrates le critica a los neosofistas que consideren al lenguaje un fin en sí mismo, en vez de un instrumento, medio o herramienta. Sin embargo, una idea que no abandonan los sofistas es la del lenguaje como acción de persuadir: se refutan argumentos sin importar que sean verdaderos o falsos y se persuade del propio conocimiento.
En definitiva, se considera a la refutación como conocimiento. Y entonces ¿Cuál es el alcance epistemológico del lenguaje para los nuevos sofistas? ¿Qué logran conocer con la refutación...? ¿Se conoce todo...? ¿Lo bueno? ¿Lo malo?
Para responder tales preguntas debe tomarse en cuenta la idea de “conocimiento” en Sócrates y Platón: en Sócrates sólo existe episteme, esto es, un conocimiento infalible, por lo que el “hacer” equivale al “usar”; por su parte, Platón, considera que el conocer (hacer) puede ¾mas no siempre es así¾ llevarnos a “usar” como expertos.
Así, pues, en Platón, el lenguaje no garantiza el conocimiento: “Una persona que hace un arma no tiene porque saber cómo usarla, de la guerra”, et cetera. Luego, no se conoce por el lenguaje, los argumentos no son conocimiento, sino instrumento para el conocimiento. Usar argumentos es una tecné, no una episteme... ¡Es un medio y no un fin!
En el Gorgias, el lenguaje no sirve para refutar, porque esto implicaría usar los argumentos de otro. En éste, el lenguaje sirve sólo para persuadir, esto es, dar cuenta de algo... el lenguaje sirve para describir el mundo de manera convincente, el lenguaje es reflejo del modo en que percibimos el mundo. Luego, el modo en que opinamos, bien se trate de un argumento verdadero o falso, no implica un conocimiento del mundo.
Para Platón en el Cratilo, el lenguaje es un instrumento que sirve para aprender y discernir esencias... No hay forma de que el nombre represente la cosa, apenas es una pintura de las ideas esenciasque no da garantías de conocer: ¡El lenguaje no es algo que se use para conocer sino para aprender!
Aprender no es opinar ni conocer, en Sócrates es generar argumentos para recordar. En Platón un modo para empezar a conocer.
¿Qué entienden los sofistas y Platón por mundo? En Eutidemo, basta que exista la cosa sobre la que se habla sin importar su naturaleza. En Gorgias es fácil mostrar que lo que parece algo no es ese algo, baste un punto de comparación en cada caso, los atributos no se manifiestan por completo. Las cosas cambian y por ello no puedo aceptar ningún atributo como definitorio.
Si algo existiere y fuese conocido no podríamos decirlo en palabras”.
En Platón aquello de lo que habla el lenguaje es en sentido propio las ideas y en sentido impropio los objetos del mundo sensible.
Para los sofistas representados en Eutidemo –neosofistas–, el lenguaje es totalmente independiente del mundo, aunque se afirme que su discurso es reflejo de un conocimiento del mundo.
Por su parte, Gorgias, partiendo de que es imposible describir efectivamente al mundo y, por tanto, lo que se diga siempre es relativo, manipula el lenguaje para persuadir de una particular forma de percibir el mundo.
En conclusión, tanto en unos como en otros, más que el lenguaje ser reflejo del mundo, es el mundo creación o manipulación del lenguaje.

III. Principios lógicos

Eutidemo, 298 d y e: “–Si me respondes, Ctesipo, continuó diciendo Dionisidoro, me concederás inmediatamente todo esto; porque, dime: ¿tienes perro?
–Y  bien malo, respondió Ctesipo. –¿Tiene cachorros?
–Tan malos como él, respondió. –¿Así que el perro es padre de ellos? –Yo mismo lo vi cubriendo a la perra. –Ahora bien: ¿el perro es tuyo? –Ciertamente, respondió. –Así que, por ser padre tuyo, el perro resulta ser tu padre; y tú, hermano de cachorros”.

Eutidemo, 293 b, c, d y e: “–¿Te enseñaré, Sócrates, dijo, esa ciencia que tanto os desconcierta, o te mostraré que ya la tienes?
–Feliz de ti, repliqué, ¿está en tu mano eso?
–Absolutamente, respondió.
–¡Por Júpiter!, repliqué, muéstrame que la tengo, porque esto es más fácil que aprenderla varón de mi edad.
–Bien, pues, dijo: respóndeme: ¿Sabes algo?
–Ciertamente, respondí y muchas cosas, aunque menudas.
–Basta con ello, dijo; ¿crees que es posible hay realmente algo que no esté siendo lo mismo que está, de hecho siendo?
–No, ¡por Júpiter!, no lo creo.
–¿No dices saber algo?
–Sí palabra.
–¿Así que eres sabio, si sabes?
–Precisamente por eso mismo.
–Nada importa: ¿No tienes que saber todo, precisamente por estar siendo sabio?
–No, ¡por Júpiter!, respondí, porque no sé muchas otras cosas.
–Si, pues, no sabes algo, no estás siendo sabio.
–No lo soy de eso, querido, respondí yo.
–¿Eres por eso, dijo, menos sabio? Acabas de afirmar que eres sabio; y así sucede que estás siendo eso mismo que eres y, a la vez, no lo eres, según lo mismo y simultáneamente.
–Sea, replique, Eutidemo, porque, como se dice: “bello es cuanto dices”. ¿Cómo, pues, sé precisamente la ciencia que buscamos? Que, por cierto “es imposible que lo mismo sea y no sea”. Que si sé una cosa, sé todas porque no hay como ser sapiente y ser insipiente simultáneamente. Más, pues sé todas las cosas, tengo también aquella ciencia. ¿Es así como lo dices, y en esto consiste lo sabio?
–Te refutas a ti mismo Sócrates, dijo.
–Pues bien, añadí yo, Eutidemo, ¿no te ha pasado a ti esto mismo? Porque no llevaría grandemente a mal el que me pase cualquier cosa en tu compañía y la de Dionisodoro, aquí presente, cabeza querida. Dime: sabéis vosotros dos, de los seres, ¿algunas cosas sí y otras no?
–De ninguna manera, Sócrates, respondió Dionisidoro.
–¿Cómo decís?, replique; ¿qué no sabéis nada?
–Nada, respondió”.

Gorgias, 459 b: “Sócrates. Así que el ignorante resultará, ante los ignorantes, más convincente que el conocedor, cuando el orador sea más convincente que el médico. ¿Pasa esto, u otra cosa?
Gorgias. En este caso pasa”.

Los sofistas de la llamada nueva retórica utilizan el lenguaje de manera ambigua en contradicción del principio de bivalencia, esto es, dándole a un mismo término valor de verdadero y falso al mismo tiempo. De esta forma, los neosofistas en la práctica de la refutación y, en definitiva, la demostración de error del contrario mediante la reducción al absurdo, llegan ellos mismos a contradecirse (infracción del principio de no contradicción) al afirmar la verdad y falsedad de una misma proposición (Cfr. Eutidemo, 298 d y e; y, 293 b, c, d y e).
Gorgias al igual que el dialéctico –Sócrates–, tienen en su instrumental un elemento común: el lenguaje. Sin embargo, mientras el dialéctico se preocupa por los argumentos y su relación: el saber, el sofista sólo se preocupa por el modo en que persuade al auditorio: la opinión.
En su afán por persuadir el retórico está dispuesto a hablar de todo, a aceptar cualquier tipo de pregunta para demostrar que es un omnicomprensor... sólo espera que se le pregunte para dar argumentos, sin preocuparse de la lógica del argumento, puesto que, a diferencia de la episteme que distingue el conocimiento verdadero del falso, la retórica permanece en el nivel del lenguaje, del discurso, para convencer... generar reacciones que muevan el ánimo del auditorio.

IV. Ontología subyacente

Eutidemo 284, c: Así que, replicó, nadie habla de lo que no es, porque produciría algo;  mas tu conviniste en que lo que no está siendo no puede ni existir ni producir. De manera que, según tu razonamiento, nadie habla en falso; si, pues Dionisidoro habla la verdad, dice lo que las cosas están siendo.

Gorgias 449, d: “Sócrates: Ahora bien ¿afirmas ser tú entendido en arte retórica  y hacer retórico a cualquier otro? ¿Sobre qué especial realidad versa la retórica?, a la manera como el arte textil versa sobre la elaboración de vestidos. ¿Es así?
Gorgias: Sí.
Sócrates: ¿Y la música, parecidamente, sobre la composición de tonadas?
Gorgias: Sí.
Sócrates: ¡Por Hera!, Gorgias, que admiro tus respuestas; no es posible respuesta más breve que la tuya.
Gorgias: Estoy cierto, Sócrates, de hacerlo discretamente.
Sócrates: Dices bien. Vamos, pues, respóndeme así también respecto de la retórica: ¿sobre qué especial realidad versa tal ciencia?
Gorgias: Sobre razones-habladas”.

En la “retórica”, el arte de la opinión –lucha en el campo del lenguaje–, aunque se haga referencia al conocimiento del mundo, o bien no importa que el lenguaje en nada lo refleje (Eutidemo) o bien resulta absolutamente imposible reflejarlo (Gorgias).
No obstante ello, que pareciera desdecir del mundo, de lo físico... por su intrascendencia para persuadir, sugestionar a la audiencia o dificultad para aprehender, nos preguntamos: ¿Cuál es la ontología de fondo con la que se encuentra emparentado el lenguaje? ¿Qué hay detrás del lenguaje entre los sofistas?
Considerando que para Gorgias, según Windelband: No existe nada (1ª tesis); si existiera algo no podría conocerse (2ª tesis); y, si el conocimiento del ser fuese posible, no podrá enseñarse (3ª tesis) [5], debemos concluir, en definitiva, que la ontología subyacente en Gorgias... lo que hay detrás del lenguaje, aunque este no lo pueda describir efectivamente, no es más que el mundo sensible.
Por su parte, el Eutidemo también está referido al mundo físico, aunque sin darle ninguna importancia a la naturaleza o características (adjetivos) del fenómeno o cosa (objeto) sobre el cual se habla. En eso que, según la terminología usada por García Bacca, podríamos llamar “relativismo noseo-ontológico”, sólo es importante –y de aquí la conexión con Gorgias– un objeto (sujeto del lenguaje) para decir cualquier cosa de él.
En este caso, lo que importa es que exista un objeto (sujeto del lenguaje) que sirva para predicar lo que mejor convenga (“ontología utilitaria”).

V. Criterio de verdad

Eutidemo 284, c: Así que, replicó, nadie habla de lo que no es, porque produciría algo;  mas tu conviniste en que lo que no está siendo no puede ni existir ni producir. De manera que, según tu razonamiento, nadie habla en falso; si, pues Dionisidoro habla la verdad, dice lo que las cosas están siendo.

Gorgias 459, b: Sócrates: Así que el ignorante resultará, ante los ignorantes, más convincente que el conocedor, cuando el orador sea más convincente que el médico. ¿Pasa esto, u otra cosa?
Gorgias: En este caso pasa.

En la relación lenguaje-mundo, si bien el lenguaje reproduce el mundo y en los sofistas es una manera de percibir el medio físico, existe un tercer elemento a considerar: la verdad.
Considérese, por ejemplo, que el lenguaje por sí sólo es inútil si no nos habla de algo.
Pero, por su parte, también el mundo resulta inútil si no puede ser descrito.
De allí, pues, que el punto medio, ideal de tal relación, sea una coincidencia (correspondencia) entre lo que el mundo es y lo que el lenguaje refiere de él o lo que llamaos verdad.
Como se sabe, en el caso de Eutidemo, en el que sólo hace falta un objeto sobre el cual decir lo que mejor convenga, toda proposición resulta verdadera (lo que García Bacca llama criterio de verdad óntico). Sin embargo, debe reconocerse la aceptación de la posibilidad de contradicciones en el lenguaje.
Por su parte en Gorgias, a diferencia de lo que ocurre en Protágoras (“el hombre es la medida de todas las cosas... las cosas son como cada uno las percibe”), el lenguaje habla del mundo, pero de una manera parcial (la estructura del lenguaje no se aproxima ni remotamente a la estructura del lenguaje), parcialmente verdadero...
En este caso, como el lenguaje no agota el mundo, es aproximado, la teoría de la verdad está limitada por la limitación del lenguaje: no existe un criterio de verdad en sentido estricto.
De allí que no se hable de conocimiento en sentido absoluto, sino más bien de un arte, precisamente lo que es la retórica: el lenguaje no sirve para decir verdades sino para persuadir, es una poderosa herramienta política.

NOTAS

[1] Pancraciasta. m. Atleta dedicado a los ejercicios del pancracio. Pancracio. (Del lat. pancratium, y este del gr. pagkration). m. Combate gímnico de origen griego, que estuvo muy de moda entre los romanos. La lucha, el pugilato y toda clase de medios, como la zancadilla y los puntapiés, eran lícitos en este combate para derribar o vencer al contrario (REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la Lengua Española. Tomo 8 (P/quisco). Vigésima segunda edición. Espasa.  Madrid, 2001, p. 1129).

[2] PLATÓN: Obras completas. Argumento y traducción de J. D. García Bacca. Presidencia de la República - Universidad Central de Venezuela. Caracas, 1981. Tomo V.

[3] WINDELBAND, Wilhelm: Historia General de la Filosofía. Traducción de F. Larroyo. Editorial “El Ateneo”, S. A. México, D. F., 1960, p. 79.

[4] GARCÍA BACCA, J. D.: Argumento. En PLATÓN: Op.cit. Tomo V. p. 9.


[5] WINDELBAND, Wilhelm: Op. cit. p. 80.

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