viernes, 21 de julio de 2017

¡Ni Dios me quita la victoria!


Arturo Castillo Máchez*

“¡NI DIOS ME QUITA LA VICTORIA!”

Extracto de AA.VV., Nuestra Señora de Belén, devoción del Libertador Simón Bolívar. San Mateo, 1709-2009. Edición al cuidado de Natalia Boza Scotto y Emilio Spósito Contreras. Sociedad Bolivariana de Venezuela - Fundación Hermano Nectario María para la Investigación Histórica-Geográfica de Venezuela. Caracas 2010, 159 pp. ISBN 978-980-12-4713-5.

Lo normal en la interacción de las personas creyentes en Dios, es que se agradezca al Señor por los beneficios o deseos concedidos. De no ser así, el creyente se muestra resignado con lo sucedido, prefiriéndolo a otras situaciones que pudieron haber resultado males mayores. Igualmente, entre los mismos creyentes, los deseos casi siempre van matizados por una coletilla que en la vida nos coloca en las manos del Señor: “Si Dios quiere”.
Asimismo es muy común, desde que los españoles tocaron esta tierra de gracia, una expresión para manifestar agradecimiento a otra persona por el bien hecho desinteresadamente: “Dios se lo pague”.
Todas estas manifestaciones, tanto ayer como hoy, son propias de los creyentes cristianos, católicos romanos o evangélicos, porque en ellas va implícita, de una forma u otra, una exaltación de la fe, un acercamiento al Señor Todopoderoso, de manera de reafirmar la autoestima.
Siendo así, no nos explicamos qué pudo sucederle a aquel oficial español que dejó a un lado toda creencia cristiana y profirió la frase pagana que sirve de título al presente trabajo.
El coronel José María Barreiro, comandante de una de las divisiones realistas que formaban el ejército español, y que bajo el mando del mariscal de campo Pablo Morillo actuaba en la Nueva Granada y Venezuela en el año 1819, fue el autor de tan controvertida expresión.
Quizás creyó que para ese momento Dios no le era necesario y que por el contrario, él solo podía reservarse el papel protagónico de conducir el ejército realista al éxito definitivo de la batalla. Sin embargo, más que no necesitar de Dios, Barreiro lo confrontó, lo afrentó y, tal como sucedieron los acontecimientos, “El que todo lo perdona”, al final lo derrotó.
La División de Barreiro se enfrentó al Ejército Libertador, que a las órdenes de Simón Bolívar se presentó en Pantano de Vargas, después de haber cruzado Los Andes en julio de 1819.
El ejército de Barreiro estaba descansado y organizado en las alturas de Vargas, mientras que el ejército de Bolívar estaba en peores condiciones, no sólo por la extenuante travesía desde el Páramo de Pisba, sino porque ese mismo día, el 25 de julio, había tenido que cruzar el caudaloso río Chicamocha a partir de las primeras horas de la madrugada. A las 10 de la mañana, cuando se iniciaron los fuegos por ambos ejércitos, aún faltaban tropas para cruzarlo en las improvisadas balsas de los hermanos Villates.
El ejército realista ocupaba ventajosa posición al iniciarse el combate. Por ello, Barreiro lanzó un ataque por el flanco izquierdo republicano, con intención de envolverlos por la retaguardia, aprovechando el pantano que no permitía mayores ventajas a los independentistas. Éstos trataron de subir la ladera, pero Barreiro los repelió con el Primer Batallón del Rey. Intentó de nuevo Bolívar, atacando esta vez por el centro con el Rifles y Barcelona; pero tampoco pudo con la férrea defensa del realista. Ordenó Bolívar al coronel Rook, que con la Legión Británica desalojara al enemigo de las alturas, pero tuvo el aguerrido irlandés que dar marcha atrás, con un sinnúmero de tropas dejadas en el campo de batalla.
Es en este momento cuando el Libertador vio perdida la batalla, y con ella, el enorme esfuerzo de la Campaña de Boyacá; mientras el coronel español creyó que la victoria era suya y, tras vivas al Rey, exclamó la frase que sellaría el triunfo en Pantano de Vargas: “¡Ni Dios me quita la victoria!”… Lamentablemente para el bizarro español, Dios le quitó la victoria.
Estaba a punto Bolívar de dar marcha atrás para enfrentarse a las caudalosas aguas del Chicamocha, o perecer ante las afiladas bayonetas de las tropas realistas, cuando observó al intrépido coronel Juan José Rondón, quien junto a sus catorce lanceros, aún no había entrado en combate, y acercandose, le gritó: “–Coronel, ¡salve usted la Patria!” y el valiente guariqueño, sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre el enemigo en una estrepitosa carga que los desconcertó. El enemigo retrocedió, y los catorce lanceros de Rondón continuaron arrollándolos, lo cual, aunado al apoyo de la caballería de Mujica, permitió ganar las alturas.
La infantería patriota se reorganizó y aprovechó ese momento de inspiración para avanzar y también ganar las alturas. Fue entonces el enemigo quien retrocedió y, aprovechando las sombras de la noche, huyó.
La batalla terminó con gran mortandad de soldados para ambos bandos y, a pesar de no ser una clara victoria para las armas republicanas, éstas ganaron una ventajosa posición, que a partir de ese momento, les permitió pasar de perseguidos a perseguidores de los realistas.
Barreiro fue engañado en la marcha hacia Tunja y capturado por Bolívar en la Batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819). Finalmente, sería ejecutado junto con treinta y ocho de sus oficiales por Santander –a pesar del querer contrario del Libertador, quien había partido rumbo a Angostura–, en la Plaza Mayor de Bogotá.
Antes quizás, tuvo tiempo de arrepentirse de su temeraria expresión: “¡Ni Dios me quita la victoria!”.

* Nacido en Churuguara, estado Falcón, fue Oficial retirado del Ejército de la República Bolivariana de Venezuela, con el grado de coronel. En su actividad profesional desempeñó funciones de comando, desde Comandante de Unidad Básica hasta Comandante de Unidad Superior. Fue Jefe del Estado Mayor de la Brigada de Cazadores.
Como civil, fue Coordinador de la Cátedra Bolivariana de la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (UNEFA) y Presidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela 2006-2010, reelecto para el período 2010-2014.
El coronel Castillo Máchez fue autor de diversas obras, entre las cuales destacan: Más allá del deber. Modelo venezolano que derrotó la subversión marxista-comunista en la década de los años sesenta; Tupí, un pueblo falconiano y J. J. Rondón. Historia de un Batallón, todas ellas premiadas en su oportunidad, con el Premio Especial del Ministerio de la Defensa.

El coronel Castillo Máchez falleció en Caracas en 2011.

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