miércoles, 14 de enero de 2015

Bolívar católico


Coronel Arturo Castillo Máchez (†)

EL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR
CATÓLICO, FIEL CRISTIANO

Discurso pronunciado en Roma, por el coronel Arturo Castillo Máchez,
Presidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela,
con ocasión del 180° aniversario de la muerte del Libertador Simón Bolívar,
en acto organizado en el Campidoglio por la Comuna di Roma,
la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en Italia
y la Sociedad Bolivariana de Roma

Señor representante de la Comuna di Roma, señor Embajador de la Republica Bolivariana de Venezuela y demás embajadores de Repúblicas hermanas, Señor Presidente de la Sociedad Bolivariana de Roma y demás representantes de Sociedades Bolivarianas del mundo, señoras y señores.
De la cuna a la tumba el Libertador Simón Bolívar fue un buen cristiano y muchas pruebas tenemos de ello. Desde su partida de bautismo a su testamento, pasando por múltiples correspondencias documentos e historias sobre los momentos estelares de su vida.
Lo atestigua su partida de Bautismo:

En la ciudad Mariana de Caracas, en 30 de julio de 1783, el Doctor Don Juan Félix Jerez y Aristeguieta, presbítero, con licencia que yo el infrascripto Teniente Cura de esta Santa Iglesia Catedral, le concedí, bautizó, puso óleo y crisma y dio bendiciones a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, párvulo, que nació el veinte y cuatro del corriente, hijo legítimo de Don Juan Vicente de Bolívar y de Doña María de la Concepción Palacios y Sojo, naturales y vecinos de esta ciudad. Fue su padrino Don Feliciano Palacios y Sojo, a quien se advirtió el parentesco espiritual y obligación; y para que conste lo firmo. Fecha ut supra [1].

Y del fiel cumplimiento de las obligaciones del padrino, nos da cuenta carta del joven Bolívar a su querido tío Pedro Palacios Blanco:

(…) Dios es el autor de todos nuestros sucesos, por lo que deben ser todos para bien nuestro. Esta reflexión nos consuela cuando estamos en aflicciones; y así, es menester que Vd. no lo olvide (sic) [2].

A esta confianza absoluta en el Creador, ponerse en las manos de  la Providencia, es lo que conocemos por “fe”. Y precisamente sobre la fe del Libertador y la esperanza que ella produce, debemos considerar su primer acto político, su entrada en la historia como héroe, esto es, un acto religioso conocido como el juramento en el Monte Sacro, en esta misma ciudad, y del que tenemos noticias del propio Libertador en carta al testigo ocular de tal acto, su maestro Simón Rodríguez:

¿Se acuerda Vd. cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma, a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la patria? Ciertamente no habrá Vd. olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó, por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que no debíamos tener [3].

A la misma esperanza que no debía tener, pero que Bolívar tuvo.
Días más tarde, este rebelde caraqueño expresó su fervorosa religiosidad aún en contra de las costumbres vaticanas, cuando en su visita al Sumo Pontífice Pío VII, se negó al protocolar saludo que regía las visitas papales, esto es, besar la cruz en el calzado del Obispo de Roma y que, según nos relata O’Leary, obligó al Papa a ser condescendiente y manifestar al Embajador de España en el Vaticano, Antonio Vargas Laguna: “Dejad al joven indiano hacer lo que guste[4].
Cuando el diplomático español quiso reprocharle tan insolente actitud, tuvo que escuchar, con vehemencia manifiesta del futuro Libertador, que “Muy poco debe estimar el Papa el signo de la religión cristiana cuando la lleva en sus sandalias, mientras los más orgullosos soberanos de la cristiandad lo colocan sobre sus coronas[5].
Aunque el Libertador experimentó brevemente en la masonería, ello lejos de contradecir su religiosidad, la confirma –sólo recientemente se ha asociado a la masonería con ateísmo– además de que en su caso, puede relacionarse más bien con las ideas revolucionarias de la época.
Según Bartolomé Mitre, la formula de iniciación en la masonería a la que ingreso tanto Bolívar como San Martín, rezaba:

Nunca reconocerás por gobierno legítimo de tu Patria sino á aquel que sea elegido por la libre y espontánea voluntad de los pueblos; y siendo el sistema republicano el más adaptable al gobierno de las Américas, propenderás por cuantos medios estén a tus alcances, á que los pueblos se decidan por él [6].

La referencia más elocuente del tema es, como siempre, del propio Libertador, recogida por Luis Perú de Lacroix, en Diario de Bucaramanga:

Habló sobre la Masonería, diciendo que también había tenido él la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en París había sido recibido Maestro, pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo ridículo de aquella antigua asociación; en las Logias había hallado algunos hombres de mérito, bastantes fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos burlados; que todos los masones parecen unos grandes niños, jugando con señas, morisquetas, palabras hebraicas, cintas y cordones; que sin embargo la política y los intrigantes pueden sacar algún partido de aquella sociedad secreta [7].

El punto se puede cerrar recordando el decreto del Libertador del 8 de noviembre de 1828, por el que “Se prohíben en Colombia todas las sociedades o confraternidades secretas, sea cual fuere la denominación de cada una.
También da cuenta de la religiosidad del Libertador Simón Bolívar, el extraordinario relato del Hermano Nectario María, sobre una de los más apremiantes combates del Libertador, la Batalla de San Mateo:

(…) confiado en el valor de sus soldados y en la protección de la que es más fuerte que un ejército en orden de batalla y a quien nunca invocó el mortal en vano, impetraba el auxilio de la Virgen de Belén, quemando ante su santa imagen en la casa de Canta Ranas profusión de luces [8].

Mención aparte merecen sus relaciones con la jerarquía eclesiástica, siempre tirantes, en cuanto la jerarquía eclesiástica representaba, más que los intereses espirituales de su grey, los intereses políticos de la corona española. No obstante ello, debe resaltarse la relación respetuosa de Bolívar y el arzobispo de Caracas Narciso Coll y Prat.
Por las mismas dificultades entre Estado e Iglesia, en su Proyecto de Constitución de Bolivia (1826), Bolívar se pronuncia en contra de una religión de Estado:

En una constitución política no debe prescribirse una profesión religiosa; porque según las mejores doctrinas sobre las leyes fundamentales, éstas son las garantías de los derechos políticos y civiles; y como la religión no toca a ninguno de estos derechos, ella es de naturaleza indefinible en el orden social, y pertenece a la moral intelectual (…).
La Religión es la ley de la conciencia. Toda ley sobre ella la anula porque imponiendo la necesidad al deber, quita el mérito a la fe, que es la base de la Religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son útiles, luminosos y de evidencia metafísica; todos debemos profesarlos, mas este deber es moral, no político [9].

Sin embargo, a pesar de la separación entre religión y política en el Libertador, abundan ejemplos de su preocupación como gobernante por los temas religiosos:
En Proclama a los venezolanos, contemporánea a los hechos sobre la Virgen de Belén en la Batalla de San Mateo, Bolívar señala:

Venezolanos, no temáis a las bandas de asesinos que infestan vuestras comarcas, y son los únicos que atacan vuestra libertad y gloria; pues el Dios de los ejércitos concede siempre el triunfo a los que combaten por la justicia; y jamás protege largo tiempo a los opresores de la humanidad. Así todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos [10].

En informe del Libertador sobre la misma acción bélica, puede leerse:

(…) lo que no podrá concebirse, pero de que han sido testigos lo habitantes de esta ciudad, es el saqueo y destrozo de los Templos, de donde se arroja en este momento el estiércol de sus caballos, el haber despedazado los vasos sagrados y las imágenes, que se han hallado en los corrales de las casa, lo mismo que la Custodia [11].

Y en comunicación al Arzobispo de Caracas Narciso Coll y Prat, se lamenta de los daños causados por las fuerzas leales al Rey, llamadas la “Legión infernal”:

Las Imágenes de San José, San Francisco, Santa Rita, y Carmen, fueron despojadas de sus sortijas, y demás adornos de oro y plata; los Cálices, Patenas, Incensarios, Copón, y otros vasos, robados. Y últimamente extraída del sagrario la Custodia que depositaba la Hostia consagrada, la cual, según unos fue despedazada, y otros tirada en el Altar [12].

El contraste entre la religiosidad de Bolívar y sus enemigos es evidente, veamos todavía, el leguaje del Libertador en Proclama a los venezolanos:

El Cielo, que constantemente vela por el triunfo de la virtud, nos ha concedido la victoria contra todos los partidarios de la tiranía, y todos los defensores de los crímenes que han enseñado los españoles en las Américas. Enormes masas de bandidos han atacado los ejércitos de la República, que han vencido siempre a sus indignos enemigos dondequiera que se han presentado, y han disipado las tempestades que han cubierto toda la extensión del horizonte de Venezuela. Esta fortuna la debéis al valor divino de vuestros soldados, sin que yo haya contraído otro mérito que el de adquirir para nuestras armas el triunfo mayor que puede adornarlas: perdonar a sus enemigos después de haberlos vencido. Yo reitero mis anteriores indultos; y a nombre de Venezuela perdono de nuevo, sin restricción alguna, a todos los enemigos de la República, que abandonando los estandartes de los tiranos, se acojan bajo la protección paternal de nuestro benéfico Gobierno [13].

Hasta llegar al final de sus días mortales, con el testamento que, muy cuidado, lo presentan a la posteridad, en toda su dimensión espiritual:

En nombre de Dios todo Poderoso. Amén. Yo, Simón Bolívar, Libertador de la República de Colombia, natural de la ciudad de Caracas en el Departamento de Venezuela, hijo legitimo de los señores Juan Vicente Bolívar y María Concepción Palacios, difuntos, vecinos que fueron de dicha ciudad, hallándome gravemente enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios que cree, predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte, como Católico fiel Cristiano, para estar prevenido cuando la mía me llegue con disposición testamental, bajo la invocación divina, hago, otorgo y ordeno mi Testamento en la forma siguiente:
1. Primeramente encomiendo mi Alma a Dios nuestro Señor que de la nada la crió, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, dejando a disposición de mis Albaceas el funeral y entierro, y el pago de las mandas que sean necesarias para obras pías, y estén prevenidas por el gobierno [14].

No es de extrañarnos que en aquellos días de diciembre, hace ya 180 años, el Libertador esperara embarcarse para Europa, con destino final Roma, para ejercer de Embajador de la República de Bolivia –su hija predilecta– ante la Santa Sede.
Hoy, su ideario está más vigente que nunca. En los pueblos del planeta donde aun no se respiran aires de libertad, están a la espera de la aplicación de su ideario, basado en la libertad plena de conciencia y de actuación, de desprendimiento de los bienes materiales, de la igualdad, que aun no siendo absoluta, permita sacar a los pueblos del oscurantismo. Una justicia que reine en todos los rincones del mundo, basada en darle a cada quien lo que le corresponde y merece. Que las oportunidades sean para todos por igual y que a todos por igual les lleguen los beneficios que esta tierra depara: el agua y los alimentos. La educación y el trabajo digno y creador. Donde se extirpen los amos para siempre y aun con nuestras diferencias vivamos en un ambiente donde haya esperanza de superación por muy lenta que ésta se nos presente.
Señoras, señores.

NOTAS

[1] En http://www.analitica.com/bitblio/bolivar/bautismo.asp. Consultado el 25 de noviembre de 2010.
[2] Carta a Pedro Palacios Blanco. Bilbao, 23 de agosto de 1801. En S. BOLÍVAR, Escritos del Libertador. Volumen II, p. 99.
[3] Carta de Bolívar a S. Rodríguez. Pativilca, 19 de enero de 1824. En S. BOLÍVAR, Doctrina del Libertador. Biblioteca Ayacucho, número 1. Fundación Biblioteca Ayacucho. 3ª edición. Caracas, 1985, p. 171.
[4] D. F. O’LEARY, Memorias del General O’Leary. Volumen XXVII. Edición facsimilar del Ministerio de la Defensa. Caracas 1981, pp. 23.
[5] Idem.
[6] En http://www.simon-bolivar.org/Principal/bolivar/bolivar_mason.html. Consultado el 26 de noviembre de 2010.
[7] Ibidem.
[8] NECTARIO MARÍA (Hermano), Ideas y sentimientos religiosos del Libertador Simón Bolívar. Madrid, 1978, p. 35.
[9] En http://www.analitica.com/bitblio/bolivar/bolivia.asp. Consultado el 25 de noviembre de 2010.
[10] Proclama a los venezolanos. San Mateo, 24 de marzo de 1814. En J. F. O’LEARY, Memorias del General O’Leary. Volumen 13. Ministerio de la Defensa de Venezuela. Barcelona (España), 1981, p. 457.
[11] Boletín del Ejército Libertador, número 48. Valencia, 4 de abril de 1814. En S. BOLÍVAR, Escritos del Libertador. Volumen VI, p. 222.
[12] Comunicación al Arzobispo Narciso Coll y Prat. Valencia, 9 de abril de 1814. En S. BOLÍVAR, Simón: Escritos del Libertador. Volumen VI, p. 230.
[13] Proclama a los venezolanos. Valencia, 13 de abril de 1814. En S. BOLÍVAR, Escritos del Libertador. Volumen VI, p. 242.
[14] En http://www.aduanas.com.ve/boletines/boletin_18/testamento.htm. Consultado el 25 de noviembre de 2010.

1 comentario:

  1. Nacido en Churuguara, estado Falcón, fue Oficial retirado del Ejército de la República Bolivariana de Venezuela, con el grado de coronel. En su actividad profesional desempeñó funciones de comando, desde Comandante de Unidad Básica hasta Comandante de Unidad Superior. Fue Jefe del Estado Mayor de la Brigada de Cazadores.
    Como civil, fue Coordinador de la Cátedra Bolivariana de la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (UNEFA) y Presidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela 2006-2010, reelecto para el período 2010-2014.
    El coronel Castillo Máchez fue autor de diversas obras, entre las cuales destacan: Más allá del deber. Modelo venezolano que derrotó la subversión marxista-comunista en la década de los años sesenta; Tupí, un pueblo falconiano y J. J. Rondón. Historia de un Batallón, todas ellas premiadas en su oportunidad, con el Premio Especial del Ministerio de la Defensa.
    El coronel Castillo Máchez falleció en Caracas en 2011.

    ResponderBorrar