martes, 27 de enero de 2015

Política y Literatura


Emilio Spósito Contreras*

CRISIS Y TRAGEDIA LATINOAMERICANA
Comentarios sobre política y literatura

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.

Jorge Luis BORGES, Poema conjetural


Siente que se harán trizas en el choque. Ya se tocan. Aprieta la lanza hasta dolerle la mano, desvía el caballo rápidamente, y, haciéndole tragar media arma, arranca al contrario de la montura y va a lanzarlo sobre otro jinete que llega detrás.

Arturo USLAR PIETRI, Lanzas coloradas

Durante una generación, un puñado de caballeros castellanos, hicieron realidad los más fantásticos cantares de gesta, enfrentando monstruos, magos o ejércitos de caníbales; escalando picos el doble de alto de los hasta entonces conocidos; navegando un mar siete veces más largo que el mayor de sus ríos; recorriendo una tierra doscientas veces más grande que la suya. Inmenso en riquezas y oportunidades, el Nuevo Mundo, las Indias o América, es al mismo tiempo, el Paraíso de Colón, la Utopía de Moro, el Dorado de Orellana y, sobre todo, un mundo salvaje, tan misterioso, como brutal y peligroso.
La presencia de profanos en los templos de la Madre Tierra, el Sol y la Luna, las Aguas y el Jaguar, aunque victoriosos, desataron maldiciones que nos recuerdan a Sísifo en el inframundo. Conquista e independencia, por ejemplo, serán procesos siempre inacabados, siempre por recomenzar y culminar. Las veinticinco constituciones venezolanas dan cuenta de ello.
Aun desde la mentalidad moderna, se entiende que esta tierra lo tiene todo, pero existen circunstancias irracionales e insuperables –críticas– que se oponen al desarrollo, representadas en la enormidad del territorio, la falta de cohesión social, la heterogeneidad racial, la incultura. La razón contra la emoción, la civilización contra la barbarie.
Nuestra historia se alimenta de estos modelos. En cada batalla americana, durante los últimos quinientos años, es posible identificar a los mismos contendores, no importa que se llamen blancos o indios, patriotas o realistas, federales o centralistas, liberales o conservadores, socialistas o capitalistas, siempre se asumirá la lucha desde la confrontación maniquea entre el progreso civilizador y la cruel, aunque seductora, barbarie.
Nuestros breves héroes, salvadores o mesías, por una parte, y villanos, por la otra, participan de esta dialéctica bueno-malo: Bolívar, Sucre o Martí, los buenos, ilustres, bienhechores, beneméritos, se sacrifican trágicamente en la lucha contra las fuerzas de la sin razón, mientras que los primitivos Boves, Quiroga, Melgarejo o Estrada Cabrera, son expresión de la involución y de la ferocidad que les es propia a su estado.
Las fuerzas de la retardación y la anarquía parecen invencibles. Por momentos parecen vencer totalmente… y, al mismo tiempo dan inicio al proceso de regeneración del bien. Las cenizas de nuestros mártires, como en el conuco, preparan la tierra para una nueva y pronta cosecha de voluptuosos frutos. O hay civilización o hay barbarie.
En este contexto de regresión, los artistas latinoamericanos han producido obras con el mismo leitmotiv. La literatura, una de las artes en la cual se han obtenido grandes logros, sirve para ejemplificarlo. Compararemos del argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), su Poema Conjetural (1943), y del venezolano Arturo Uslar Pietri (1906-2001) fragmentos de su novela Lanzas Coloradas (1931).
En el célebre poema de Borges, el destino, en el sentido protestante de la expresión, conduce a un atemorizado, inmóvil, resignado Francisco Laprida, al instante de una muerte liberadora. En el caso de la novela de Uslar, Fernando Fonta llega a ese instante voluntariamente; hasta casi el último instante pudo huir, pero cuando ya también le resulta imposible y es alcanzado por la muerte, la espera con amarga parálisis de resignación. Involuntario o libre, el resultado dramático es el mismo.
En los dos casos la violenta muerte se asocia simbólicamente a una herida en la garganta y a la pérdida del habla… condición de humanidad, de racionalidad, de civilizado de los personajes: “(…) el íntimo cuchillo en la garganta o, “(…) Un contacto frío, como de hielo, en la garganta (…). Va a hablar. Una bocanada de sangre le ahoga las palabras”.
Independientemente de las formas literarias escogidas –poesía el uno, prosa novelesca el otro–, de la nacionalidad de los autores, que se trate del personaje histórico Francisco Laprida o del literario Fernando Fonta; ambas versiones recogen la tragedia latinoamericana: la eterna lucha entre el bien y el mal. Desde la perspectiva de hombres justos y sabios   –Francisco, estudioso de las leyes, benemérito de la patria, y Fernando, “ciudadano” y “hermano”– atrapados en la espiral de la violencia, de la cual no pudieron, o no quisieron salir.
Después de recorrer el laberinto de sus vidas, los personajes llegan a enfrentar una muerte atroz y vana, sin gloria, víctimas de la barbarie que insolentemente han despreciado y rechazado a lo largo de sus vidas, personificada en el gaucho y el llanero, géneros humanos del mismo ámbito geográfico –estepas, pampas o llanos–, jinetes armados de neolíticas lanzas, cual horda de hunos.
Con estos fragmentos, de idéntica trama, se produce un resultado desgarrador en el ánimo del lector. En un primer momento, la más absoluta desolación.
Sin embargo, en un segundo momento, el lector experimenta la catarsis de la que nos habla Aristóteles en la Poética a propósito de la tragedia griega y, purificándonos con la inmolación de tales víctimas, somos llamados al movimiento, a la acción, frente y contra la barbarie.
Tanto en el caso de Borges como de Uslar, sus obras tienen como telón de fondo momentos históricos precisos: En Argentina, ocurría la Revolución del 4 de junio de 1943, que colocó en la escena política a Juan Domingo Perón. En Venezuela, bajo la tiranía de Juan Vicente Gómez –vencedor de caudillos regionales y centralizador del poder–, se enfrentaba sucesivamente a dos de sus principales temores: manifestaciones estudiantiles vinculadas a movimientos de izquierda en 1928, y el desembarco de Román Delgado Chalbaud, último caudillo, en 1929.
De allí que sus obras puedan entenderse con intencionalidad política, en contra de lo que sería el peronismo, una, y a favor del gomecismo, la otra. En ambos casos, bajo el esquema de lucha de la civilización contra la barbarie, independientemente que los seguidores de Perón consideren bárbaros a los otros, o que los enemigos de Gómez lo consideren una rémora de la civilización. Por lo menos, tanto en Argentina como en Venezuela, estos autores fueron importantes exponentes de la cultura y la civilización.
Escribir literariamente sobre esta situación, es una forma de racionalizarla, experimentar las sensaciones del otro y, finalmente, un intento de superación –iluminándola– de la crisis que la causa. Verse reflejado en la lectura, sentirse parte de una categoría, un grupo, como en la tragedia antigua con la catarsis, ayuda terapéuticamente a nuestras sociedades. Parafraseando a Pound, donde hay poesía y novelas, donde un Borges o un Uslar escriben… no hay usura, egoísmo, y entonces puede aparecer el entendimiento, la reconciliación y la concordia entre los hombres.

*Universidad Central de Venezuela, Abogado; Especialista en Derecho Administrativo; cursante del Doctorado en Ciencias, mención Derecho. Profesor Agregado de Derecho Civil I (Personas).

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